¿Quién desea realmente la paz en Medio Oriente?

Lawrence Grossman
  

A juzgar por la cobertura mediática de la campaña electoral en Israel, los actores de la competencia política son la derecha y la extrema derecha, y la que se verá afectada es la paz.

El Primer Ministro Benjamin Netanyahu, cuyo partido Likud se fusionó con Israel Beitenu, también de la línea dura, seguramente ganará las elecciones y gobernará otro periodo con el apoyo de una sólida mayoría de centroderecha en la Knesset.

En realidad, su mayor competencia en la elección del 22 de enero no proviene del centro izquierda del espectro político sino del partido religioso nacionalista Jewish Home – cuyo líder, Naftali Bennet dijo que si fuera soldado rehusaría acatar órdenes para desalojar a los colonos judíos de los territorios. (Al menos parte de la razón que sustentó la decisión de Netanyahu de anunciar construcciones en la zona E-1 entre Jerusalén y Maaleh Adumim fue garantizar a los colonos votantes que está de su parte).

Dos nuevas encuestas de opinión pública realizadas por encuestadores de primer nivel, Mina Tzemach (el nombre de su empresa es Dahaf) y Rafi Smith, dan por tierra con esta imagen de un electorado israelí fuertemente sesgado hacia la derecha.

Las encuestas formularon la misma pregunta: Si se llegara a un acuerdo de paz de dos estados con los palestinos que incluyera un estado palestino desmilitarizado con fronteras basadas en las líneas de 1967 e intercambios de tierras que den respuesta a las preocupaciones en cuanto a seguridad de Israel y retengan su control sobre los bloques de asentamientos; si los refugiados palestinos pudieran regresar al nuevo estado pero no a Israel; si los barrios árabes de Jerusalén volvieran al estado palestino, los barrios judíos permanecieran en Israel y la Ciudad Vieja estuviera bajo algún tipo de administración conjunta; y si el acuerdo entrara en vigor sólo cuando los palestinos pusieran fin a todas las actividades terroristas y Estados Unidos aprobara el arreglo,¿usted lo apoyaría?

En la encuesta de Dahaf, 67 por ciento de los votantes israelíes dijo sí; 21 por ciento dijo no. En la encuesta de Rafi Smith, el resultado fue 68-25.

Si un resultado tan desparejo resulta sorprendente, las cifras obtenidas para los votantes de Likud-Beiteinu y Jewish Home son pasmosas. Dahaf presenta para este sector principalmente de la derecha del electorado 57 por ciento versus 25 por ciento a favor de dicho acuerdo de paz; Smith, obtuvo 58-34.

¿Cómo explicar la aparente contradicción entre las actitudes respecto de un acuerdo de paz y las preferencias al emitir el voto? La respuesta es simple.

La gran mayoría de los israelíes comprendió hace tiempo que sólo una solución negociada de dos estados en sintonía con las propuestas del escenario de las encuestas -una de ellas ofrecida concretamente a los palestinos en Camp David a través de la mediación del Presidente Bill Clinton en 2000- puede aportar una paz sustentable. Pero también saben que desde que Yasser Arafat rechazó el trato, los líderes palestinos han demostrado un interés ínfimo en las negociaciones.

Por ende, una mayoría de israelíes aún expresa apoyo por la solución intermedia territorial, pero muchos de ellos votarán por los partidos de derecha que no están dispuestos a mostrar debilidad ante los palestinos intransigentes.

Tal como confirmaron los encuestadores, los israelíes desean ardientemente la paz. Pero saben que no pueden confiar en la Autoridad Palestina, que controla gran parte de la Margen Izquierda. Durante más de cuatro años, la AP evitó la mesa de negociación; luego se dirigió a la Asamblea General de la ONU para obtener el estatus de estado observador no miembro.

Los israelíes también saben que al presentar su caso ante el organismo, el Presidente Mahmoud Abbas de la AP tildó a Israel de estado racista, a favor del apartheid, y que practica la limpieza étnica -difícilmente las palabras de alguien ansioso por alcanzar una pacífica solución de dos estados.

Lo peor es que los israelíes saben que incluso un acuerdo con la Autoridad Palestina no apaciguará al régimen de Hamas en Gaza, que oficialmente promueve el antisemitismo, predica la destrucción de Israel y considera los ataques indiscriminados con misiles a civiles israelíes como cosa de todos los días.

Si bien parece una disonancia cognitiva, la extensa brecha entre las preferencias electorales de los israelíes y su voluntad de cerrar un trato generoso con los palestinos refleja claramente su decepción en cuanto a que por ahora, la otra parte no comparte su interés en la paz.

Lawrence Grossman es director de publicaciones del American Jewish Committee.

 

Date: 1/10/2013 12:00:00 AM
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