Israel: Escenario del Gobierno de Unidad Nacional

Ed Rettig

En una presentación informativa para el American Jewish Committee comenté: “En la política israelí dos meses es mucho tiempo, y puede llegar a suceder casi cualquier cosa”.

 

Debería haber suprimido la palabra “casi”, ya que el crecimiento espectacular de la derecha, el partido religioso The Jewish Home en las encuestas, ha sido una sorpresa absoluta. Ocupaba tres escaños en la Knesset saliente, pero bajo el carismático liderazgo de su nuevo jefe Naftali Bennett ex-empresario de alta tecnología, parece probable que capture 15 escaños, casi enteramente a expensas de la lista fusionada Likud-Beitenu, que en total cuenta con 42 en la Knesset saliente. Encuestas recientes sugieren que su lista combinada se reducirá a aproximadamente 34, aún así el partido mayor en la Knesset y con probabilidad de formar el próximo gobierno, pero a pesar de ello con una actuación altamente decepcionante.


En las primarias partidarias, los votantes de Likud mostraron su deseo de atraer a la derecha más que al centro, ya que a líderes experimentados como Dan Meridor, Benny Begin y Michael Eitan se los privó de lugares realistas en la lista del partido. Los votantes ideológicamente religiosos-nacionalistas transfirieron su apoyo a The Jewish Home como modo de maximizar la influencia de la derecha en la siguiente coalición.


Agreguemos los problemas legales de Avigdor Liberman, jefe de Israel Beitenu, a quien se obligó a renunciar como Ministro de Relaciones Exteriores bajo acusaciones de abuso de confianza y fraude. Desde entonces la policía ha reunido pruebas adicionales en su contra, que supuestamente incluyen el testimonio del Vice-canciller Danny Ayalon. La acusación formal podría impedir un juicio sumario o una negociación de condena, ya que la sentencia del tribunal acompañada por la determinación de que sus acciones involucraban “torpeza moral” le impediría ocupar un cargo público por siete años.

 
Mientras Likud-Beitenu lucha contra su rápida caída en las encuestas, la izquierda y el centro continúan imposibilitados de expandirse. Los partidos de centro no tienen serias diferencias ideológicas entre sí, pero no logran unirse debido al ego y la ambición de sus líderes, según lo ha evidenciado la disfunción demostrada en la Knesset saliente. Algunos observadores consideran que en caso que cooperaran Yair Lapid y Tzipi Livni, sus encuestas combinadas les darían 18-20 bancas en la próxima Knesset, convirtiéndolos en el segundo mayor partido. Separadamente, cada uno de ellos ha conseguido en las encuestas aproximadamente 8-10, desapareciendo Kadima, ganador de 28 escaños en 2009 bajo Livni. Sin duda, la caída de Likud-Beitenu es claro ejemplo de que la fusión de partidos no necesariamente garantiza resultados positivos, pero la falta de unidad parece llevar a que algunos votantes descrean de los partidos de centro.


Dos preguntas dividen a la izquierda: primera, si el foco del laborismo en la justicia económica más que en el proceso de paz aporta o pierde votos, y segunda, si un partido de izquierda debe considerar la posibilidad de unirse a una coalición encabezada por Netanyahu, un punto en el que el laborismo ha guardado silencio. Meretz presiona mucho con su agenda de seguridad/ diplomacia, ofreciendo un nuevo plan para reemplazar los Acuerdos de Oslo en consonancia con los palestinos, y recalca que con ninguna condición se incorporará a la coalición de Netanyahu. En las encuestas Meretz aparece con 3-4 escaños, aproximadamente su dimensión actual, y parece imposible que atraiga más votantes. Para el laborismo, el vaso está medio lleno. En 2009, liderado por Barak, obtuvo 13 bancas, que se convirtieron en 8 cuando dividió el partido. Las encuestas actuales que asignan al laborismo aproximadamente 18 escaños resultan un gran avance, evidentemente debido a los votantes de Kadima que “regresan a casa”. Pero la campaña del laborismo no ha logrado mejorar ese número.

 

Los partidos religiosos Haredi y los partidos árabes siguen funcionando dentro de sus propias burbujas político/ideológicas y probablemente conservarán la misma cantidad de escaños que controlaban en la última Knesset. En los círculos Haredi lleva la delantera Shas, con 11 bancas. A pesar del regreso de Aryeh Deri, el  actor clave del Partido Shas en algún momento deshonrado y encarcelado, el partido hasta ahora no ha demostrado capacidad de expansión más allá de las cifras que logró en la última elección. Los partidos árabes siguen practicando una especie de política simbólica que proclama posiciones radicales hacia el Estado de Israel combinadas con la decisión de no participar en ninguna coalición gobernante. Tampoco estos partidos han logrado
unirse. La principal amenaza que enfrentan es la apatía política árabe. Las encuestas proyectan una participación menor de votantes de la comunidad árabe.


Mientras Netanyahu reflexiona sobre el gobierno que probablemente constituya después de la elección, el nuevo poder de The Jewish Home podría llevarlo a considerar las ventajas de una extensa coalición de unidad nacional, particularmente ante la amenaza de Irán. El historial de gobiernos de derecha sin participación del centro o de la izquierda no es bueno. Los historiadores recuerdan el segundo gobierno de Begin que fue testigo del hundimiento del país en el Líbano y del colapso económico. Para tener espacio de maniobra con la diplomacia y por el bien de su propio legado, Netanyahu podría tal vez preferir las limitaciones que le impondría una coalición tan extensa.

 

Date: 1/2/2013 12:00:00 AM
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