Europa, ¡despierta!

David Harris - Huffington Post

 

Europa debe despertar a la amenaza que supone el antisemitismo.

Claramente cree estar despierta, pero en realidad lo está sólo parcialmente.

El problema es más serio y profundo de lo que muchos piensan. Y los riesgos no podrían ser mayores, no sólo para los judíos, sino para los valores centrales de Europa, comenzando por la protección de la dignidad humana.

Como europeísta de larga data, cuya esposa y tres hijos son ciudadanos de la UE, tengo cierta familiaridad con este tema.

Estábamos viviendo en Europa en 2000 -1, cuando en varias naciones de Europa occidental volvió a salir de la botella el genio antisemita.

Era obvio, y estaba a mano.

Hubo una concentración en el centro de Londres, donde el orador contó al público el último "chiste" sobre los judíos - ¿Qué tienen en común los judíos y la pizza? Ambos van al horno, pero la pizza por lo menos no hace ruido.

El público se rió a carcajadas. Y cuando mi esposa protestó, un inglés muy bien vestido la miró fijo y le dijo "A la m… los judíos!" Nadie emitió una sola palabra de protesta.

También hubo incidentes en la escuela internacional de nuestros hijos situada en las afueras de Ginebra.

En uno de ellos, un estudiante de más edad, hijo de un embajador ante la ONU de un país del Golfo Pérsico, arrinconó a nuestro hijo menor. Dijo que había escuchado el rumor de que éramos judíos y esperaba que no fuera cierto, porque no le gustaban los judíos. Nuestro hijo se asustó, pero admitió que si, que era judío, antes de correr por todo el campus en busca de la protección de su hermano mayor.

Cuando protestamos por el incidente, las autoridades de la escuela ni se inmutaron. Simplemente no les interesó. Quizás no querían correr el riesgo de ofender a su sustancial clientela árabe.

Y también el caso de una alumna israelí de la escuela. En el Día Internacional, cuando se pidió a los niños que se pusieran algo de sus países de origen, ella se envolvió en una bandera israelí.

Un grupo de alumnos hostiles se le acercó, se burló de ella, y luego la humilló volcando bebida gaseosa sobre su cabeza.

Logró escaparse del grupo y corrió en busca de alguna autoridad. Encontró a un funcionario, y sin aliento comenzó a relatar lo ocurrido. El funcionario respondió con cara de piedra: en la escuela no nos involucramos en asuntos políticos. Es una cuestión entre tú y ellos.

Entretanto, habiendo rechazado Arafat la propuesta Clinton-Barak de un acuerdo de dos estados, desencadenando una segunda Intifada, la necesidad de Israel de defenderse se convirtió en tema de informes frecuentemente incendiarios de muchos medios europeos.

Guardo una nutrida carpeta de ejemplos parciales, que incluyen caricaturas escandalosas y titulares en los principales medios españoles que invertían el Holocausto, sugiriendo que los israelíes eran los nuevos nazis y los palestinos los nuevos judíos.

Y luego llegó el 11 de septiembre y una frenética consulta de nuestros amigos de Grecia. Algunos diarios griegos estaban proponiendo el extravagante concepto de que todo era un "complot sionista", y que miles de judíos habían sido alertados anticipadamente para que se alejaran de las Torres Gemelas el 11 de septiembre. ¿Podría el AJC enviar una lista de las víctimas judías de los atentados terroristas para refutar los macabros rumores que circulaban en Atenas?

Y recuerdo vívidamente una tensa reunión en noviembre de 2001 con Hubert Védrine, el ministro de Relaciones Exteriores francés, durante la pospuesta inauguración de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas.

Expresamos nuestra preocupación sobre la creciente amenaza a los judíos en Francia, una amenaza de la que fui testigo desde mi puesto de observación en Ginebra, del otro lado de la frontera, y que yo había analizado con líderes judíos franceses en muchas visitas. 

Su respuesta fue inmediata y categórica: no hay problema de antisemitismo en Francia. El problema es de "vandalismo".

Y en realidad, él y sus colegas franceses siguieron insistiendo con esa frase, hasta que Nicolás Sarkozy asumió como Ministro del Interior y luego como Presidente, y comenzó a abordar las cosas frontalmente, seguido por el actual equipo de liderazgo del Presidente François Hollande y el Primer Ministro Manuel Valls.

Ocasionalmente, se nos decía en Francia en esos primeros años que el antisemitismo era en realidad, "violencia intercomunal". Que los judíos fueran siempre los receptores de los ataques no parecía importar a quienes diseminaban esta formulación "imparcial".

O que el peligro era el resultado lamentable pero inevitable del conflicto palestino-israelí, es decir que tomar de blanco a los judíos franceses se podría de alguna manera contextualizar en un conflicto a un continente de distancia durante todo el tiempo en que la paz que Israel buscaba no se pudo alcanzar.

Podría relatar literalmente centenares de otras reuniones con funcionarios europeos, sin mencionar docenas de artículos de opinión, discursos, y conferencias, en las que participó el AJC en un esfuerzo por hacer hincapié en la cuestión.

Con mucha frecuencia, nos recibían con diversos grados de escepticismo y duda. Era como si fingiendo otra cosa - ese antiquísimo impulso de negación - el problema desaparecería mágicamente por arte de magia.

De todos modos, debo reconocer que a lo largo del camino, algunos líderes europeos prestaron mayor atención y fueron más decididos, pero se había perdido un tiempo precioso y los peligros se habían arraigado mucho más.

Los años de no llamar al antisemitismo por su verdadero nombre habían cobrado su precio.

Años de irresponsabilidad de los medios demonizando a Israel, desde apodar a Gaza el nuevo gueto de Varsovia hasta señalar a Israel como asesino del segundo Jesús, los palestinos; desde asegurar que Israel estaba recolectando órganos de palestinos, hasta aseverar que los primeros ministros israelíes devoraban niños palestinos –todo había tenido su efecto.

Años de mirar hacia otro lado, desviando la vista, racionalizando la conducta de odio, emitiendo declaraciones que no necesariamente traían aparejadas acciones adecuadas, y subestimando la creciente amenaza, habían tenido su impacto.

Cuando el año pasado una encuesta de la UE de judíos europeos reveló resultados sorprendentes, entre ellos el hecho que más de 40% de los judíos de Bélgica, Francia y Hungría había considerado la posibilidad de emigrar, y que más de 20% de los judíos europeos evitan asistir a eventos o emplazamientos judíos por temor, debería haber hecho sonar campanas de alarma y dado lugar a esfuerzos por enfrentar este ataque contra los valoreseuropeos, y mantener dichos esfuerzos,

Cuando partidos políticos neonazis, abiertamente antisemitas se afianzaron en parlamentos nacionales y consejos regionales, ahora incluso en el Parlamento Europeo, deberían haber sonado más campanas de alarma.

Y después de atentados mortíferos, entre otros, contra una escuela judía en Toulouse que mató a tres niños y un adulto, contra el Museo Judío de Bruselas el sábado que mató a cuatro personas, y contra dos hermanos que usaban kipá en las afueras de París al día siguiente, deben comenzar a sonar aún más campanas de alarma.

Ya es hora de que Europa enfrente la verdad desnuda de que el antisemitismo está vivo y goza de buena salud en su medio, y que se necesita más acción -acción concreta - ya mismo.

Hay muchos frentes apremiantes en los que se debe actuar con determinación, desde mejor captación de inteligencia a mayor protección, desde enérgica persecución judicial a mejor educación cívica, desde la responsabilidad de los medios a la solidaridad pública, desde enfrontar el antisemitismo en los eventos deportivos a monitorear los medios sociales.

La amenaza proviene de una extrema derecha a quien la ira popular ha dado una nueva oportunidad, por encima del dolor económico y la aparentemente descontrolada inmigración.

Proviene de una extrema izquierda que cuestiona implacablemente el derecho a la existencia de una sola nación, Israel, y denigra al Estado judío en toda oportunidad posible.

Y proviene de la población musulmana que crece en Europa; algunos han contraído el mortal virus del antisemitismo alimentado en la mezquita, la madrasa (escuela), o los medios.

Si hay buenas noticias, son que aparte de algunos interrogantes sobre Hungría, hoy día ningún gobierno europeo aprueba el antisemitismo, mucho menos lo fomenta, y que las comunidades judías están decididas a erguirse orgullosas como ciudadanos europeos - y como judíos.

El futuro de los judíos en Europa depende de que se haga correctamente. Quizás nada menos que el futuro de Europa está en juego.

 

Date: 5/27/2014
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