Evaluación Objetiva del Proceso de Paz

Evaluación Objetiva del Proceso de Paz

 

Para una evaluación objetiva del proceso de paz, hay una palabra de cuatro letras - Gaza. Este pequeño territorio, de aproximadamente dos veces el tamaño de Washington D.C., encarna la perspectiva de paz y constituye un obstáculo importante para concretar la visión de poner fin al conflicto palestino israelí.

 

Después de todo, se suponía que Gaza era parte de un proyectado estado palestino. Esa fue la premisa fundamental de la decisión del primer ministro Ariel Sharon al retirar a todos los israelíes de Gaza y transferir el territorio a la Autoridad Palestina en 2005.

 

En ese momento, la perspectiva de una Gaza administrada exitosamente por palestinos inspiró cierta confianza al negociar el territorio de la Margen Izquierda del imaginado estado palestino. Los analistas desempolvaron planes para conectar Gaza con la Margen Izquierda por carretera, puente o túnel, garantizando al mismo tiempo la seguridad de Israel. Los europeos y norteamericanos se alinearon con ofertas de ayuda financiera para construir Gaza.

 

Pero el sueño rápidamente se convirtió en pesadilla. Algunos palestinos recibieron con beneplácito la salida de Israel, y destruyeron instalaciones agrícolas y de otra índole erigidas por los judíos, entregadas como gesto de buena voluntad a los habitantes locales. Se lanzaron miles de cohetes y misiles contra Israel. Y Hamás asestó el golpe final al tomar violentamente el control sólo 18 meses después de haber ganado la primera y última elección legislativa palestina.

 

Anteponiendo su teología inflexible, Hamás invirtió en construir una infraestructura para desatar el terrorismo y la guerra contra Israel. La Carta de Hamás incita explícitamente a la destrucción de Israel. La negativa a aceptar las condiciones del Cuarteto para ocupar un lugar en las conversaciones de paz -renunciar a la violencia, reconocer a Israel y aceptar todos los acuerdos previos- garantizó que Hamás continuara enfrentado con el Presidente Abbas de la Autoridad Palestina y su facción de Fatah. Hamás, ya en la lista de organizaciones terroristas de Estados Unidos, parecía aislada.

Pero aislamiento es un término ambiguo. Los líderes de Hamás Ismail Haniyeh en Gaza y Khaled Meshaal, desde su refugio en Qatar, han sido agasajados por los gobiernos árabes como si fueran interlocutores perfectamente legítimos. La elección del líder de la Hermandad Musulmana Mohamed Morsi como Presidente de Egipto permitió al emir de Qatar y a varios ministros de Relaciones Exteriores árabes visitar Gaza. Cada uno de ellos abrazó al Primer Ministro de Gaza Haniyeh y declaró su apoyo inequívoco a Hamás. La paz con Israel ni se mencionó.

 

Abbas, que fácilmente podía viajar a Washington y a las capitales europeas, estuvo ausente. El líder del pueblo palestino, acuartelado en la ciudad de Ramallah en la Margen Izquierda, no pudo introducir la otra pieza de un Estado palestino putativo. Al negociar con Israel, no estaba representando a Gaza.

 

Casi no se mencionó a Gaza durante el trabajo de nueve meses del Secretario de Estado de Estados Unidos John Kerry para lograr la paz palestino-israelí basada en un acuerdo de dos estados. Washington, afectado por el fatal atentado suicida contra un convoy diplomático norteamericano en Gaza en 2003, había prohibido las visitas de sus funcionarios, especialmente después de la victoria electoral de Hamás en 2006. Las visitas hace cinco años del entonces senador de Estados Unidos John Kerry y de los congresales Brian Baird y Keith Ellison, que fueron a examinar la secuela de la guerra de 2009 entre Israel y Hamás, fueron la excepción, y estos norteamericanos no se reunieron con funcionarios de Hamás.

 

Quienes abogan por una solución de dos estados habían esperado un resultado diferente. Nunca sabremos qué podría haber sucedido si Sharon no hubiera sufrido un accidente cerebrovascular, o si no hubieran asesinado a Yitzhak Rabin. Lo que sí sabemos –con toda claridad- es que los líderes palestinos, habiendo tenido a su alcance la oportunidad en Gaza, la desperdiciaron miserablemente. Junto con los rechazos de la AP a las propuestas de paz de Israel en 2000, 2001 y 2008, y, más recientemente, la negativa de Abbas de prolongar las conversaciones de paz lideradas por Terry y su reconciliación con Hamas han teñido las percepciones sobre la pacificación.

Desde que celebró un acuerdo con Abbas, ha quedado en claro que Hamás retendrá el control de sus suministros de armas y continuará rechazando las conversaciones de paz con Israel, porque se niega a modificar ni en una coma la misión de Hamás de buscar la destrucción de Israel. Al unirse a Hamás, Abbas ha desairado a Estados Unidos, lo que pone en peligro la ayuda a la AP, y las relaciones con los líderes israelíes con quienes había estado negociando.

 

Y la situación regional ha empeorado desde la relevante transferencia de Gaza nueve años atrás. Además de las actuales amenazas de Hamás y la Yihad islámica en Gaza, Hezbollah sigue resguardado en el Líbano, los grupos jihadistas están activos en el norte de Sinaí, y los terroristas afiliados de Al Qaeda, que participan en la guerra civil en Siria, están activos ahora cerca del Golán.

 

La situación puede aparecer sombría, pero no todo está perdido. Israel nunca se ha limitado en su búsqueda de socios para la paz. Y Estados Unidos ha sido, y continuará siendo, esencial para alcanzar la paz entre árabes e israelíes. No se sabe cuándo puede surgir la próxima oportunidad, pero para seguir adelante, la disyuntiva de Gaza como elemento en un acuerdo de dos estados no se puede soslayar, independientemente de cuán difícil resulte.

 

El autor es director de relaciones con los medios del AJC.

 

 

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