¿Hasta dónde Discrepan Jerusalén y Washington en Relación con Irán?

¿Hasta dónde Discrepan Jerusalén y Washington en Relación con Irán?

 

Se está tornando cada vez más difícil ocultar la brecha entre Washington y Jerusalén en cuanto a la mejor manera de abordar el problema del programa nuclear de Irán.

 

En particular, la atención se centra en las conversaciones del P5+1 con Irán, cuya próxima ronda se llevará a cabo en Ginebra esta semana, los días 7 y 8 de noviembre.

 

El gobierno de Obama quiere que el Congreso postergue las sanciones adicionales, al menos por unos meses. Esto refleja el deseo de demostrar la sinceridad de Estados Unidos en las conversaciones, poniendo a prueba al mismo tiempo las intenciones de Irán. Si las conversaciones fracasan, Estados Unidos dice que apoyará una nueva legislación.

 

Pero queda en claro que para Israel, tal abordaje envía las señales equivocadas a Teherán.

 

Cualquiera sea la retórica del presidente y canciller iraní, las acciones dicen más que las palabras. Dichas acciones, insiste Jerusalén, no muestran cambios en las cuestiones decisivas -desde centrífugas, a reprocesamiento de plutonio, a desarrollo de misiles balísticos; desde la complicidad en crímenes de guerra en Siria a violaciones masivas de derechos humanos en su propio país; y ningún cambio en la actitud del principal decisor iraní, el líder supremo Ayatolá Alí Khamenei.

 

En realidad, el 3 noviembre declaró que Israel es un "régimen ilegítimo, bastardo".

 

Más aún, leyendo entre líneas, ciertos funcionarios israelíes -y ni qué hablar de los líderes sauditas, kuwaitíes y otros de la zona del Golfo- que se preguntan si Estados Unidos es conservador respecto de cualquier posibilidad de conflicto militar, después de las costosas incursiones a Afganistán e Irak, sin mencionar el curso errático en Siria, incluso si eso significa un acuerdo menos que ideal con Irán.

 

Y temen que aún sea más problemática la conclusión de Irán, envalentonando a Teherán a creer que puede llevar las de ganar en las conversaciones. Después de todo, al final, además de las sanciones, será probablemente determinante para el pensamiento iraní sobre cómo continuar, la credibilidad de la amenaza militar de Estados Unidos.

 

Y así, Israel se encuentra en una posición insoportablemente difícil.

 

El primer ministro Benjamín Netanyahu enfrenta a lo que podría ser la decisión más difícil de cualquier líder israelí desde 1973, quizás incluso desde 1948. Se debate no sólo en cuanto a cómo defender mejor la seguridad nacional de Israel contra una amenaza peligrosa, sino también, al mismo tiempo, sobre cómo manejar su relación con Estados Unidos, el aliado indispensable de Israel.

 

Si arribara a la conclusión de que no puede confiar en las conversaciones de P5+1, y que llegará un punto más allá del cual Israel ya no podrá tener opciones militares fiables, deberá ponderar cuidadosamente los beneficios y costos de avanzar solo.

 

Si lo hace se arriesga a un desacuerdo con Washington, si por ejemplo, el gobierno de Obama está persuadido de que vale la pena continuar las negociaciones. Y eso podría tener consecuencias bilaterales, e incluso multilaterales, importantes.

 

Después de todo, el P5+1 está formado por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (más Alemania), los únicos países con veto en un organismo de Naciones Unidas que tiene facultades legalmente ejecutables.

 

Entretanto, han surgido dos opciones para el Senado de Estados Unidos.

 

La primera, propuesta por el gobierno y mencionada anteriormente, es conseguir una prórroga de al menos unos pocos meses para considerar una nueva sanción. La lógica que la impulsa es que una pausa demostrará la buena fe de Estados Unidos a Irán y también ofrecerá garantías a nuestros socios del P5+1.

 

La segunda, respaldada por algunos líderes demócratas y republicanos, es seguir adelante. El razonamiento es que las sanciones llevaron a Irán a la mesa de negociaciones en primer lugar, y más sanciones lo mantendrán en la mesa y más dispuesto a comprometerse en las cuestiones mayores.

 

Esta última opción es la más convincente.

 

Enviaría una clara señal de que si bien Estados Unidos está preparado para negociar seriamente, en tanto no existan pruebas claras del cambio de conducta de Irán, se seguirán endureciendo las sanciones.

 

Como fueron las sanciones cada vez más duras las que llevaron a Irán a negociar en primer lugar, debe haber un recordatorio de que las cosas empeorarán aún más para Teherán si no se producen cambios rápidos en el terreno. Los complejos esfuerzos por parte de Irán para comprarse tiempo -con la maestría de Teherán en cuanto a amagos modulados, asentimientos, guiños, y atisbos de apertura- no van a funcionar.

 

Aún así, la nueva medida del Senado -aún en comisión esperando ser aprobada, y luego reconciliada con el lenguaje de la Cámara Baja (que la aprobó este año) antes de que se pueda convertir en ley- no entraría en vigencia inmediatamente, por lo que el gobierno podría hacer referencia a lo que les espera en el futuro si los iraníes no cooperan ahora.

 

Y finalmente, ofrecería garantías adicionales a los aliados clave de Estados Unidos -no sólo Israel, sino los países árabes temerosos de los propósitos de Irán e inseguros respecto de la postura de Estados Unidos- que tenemos la intención de mantenernos firmes, y garantizar de una u otra manera, que Teherán no cruce la meta nuclear.

 

David Harris es Director Ejecutivo del AJC (www.ajc.org).

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