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AJC Interactions: A Monthly Summary of Latino & Jewish News & Issues


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Declaración de Richard T. Foltin
Declaración de Richard T. Foltin

 

Declaración de

 Richard T. Foltin

Director de Asuntos Nacionales y Legislativos

Oficina de Gobierno y Relaciones Internacionales

American Jewish Committee

 

Presentado en nombre del American Jewish Committee a la

Subcomisión de Asuntos Judiciales de la Cámara de Diputados

Sobre inmigración, ciudadanía, refugiados, seguridad fronteriza, e International Law Membership

 

Audiencia sobre

El imperativo ético en la reforma de nuestro sistema de inmigración

                                                                                           14 de julio de 2010 

 

Desde su fundación en 1906, el American Jewish Committee (AJC) ha sido una voz enérgica en apoyo de un trato justo y generoso a los inmigrantes, y ha participado activamente en muchos de los debates más importantes de nuestra época sobre inmigración, oponiéndose a las reducciones del flujo de inmigrantes legales; apoyando una mayor inmigración “de unificación familiar”; apoyando esfuerzos para reducir el flujo de inmigración ilegal y hacer cumplir la legislación sobre inmigración dentro del contexto del proceso debido y trato humanitario; apoyando políticas que garanticen que Estados Unidos cumpla su rol como lugar seguro para los refugiados que huyen de persecuciones; apoyando el acceso a beneficios públicos para inmigrantes legales al mismo nivel que los ciudadanos; y apoyando programas diseñados para educar e integrar a los nuevos ciudadanos.

Al abogar por estas políticas, el AJC actúa en concordancia con el permanente interés de la comunidad judía norteamericana, y su compromiso con una política estadounidense, inmigratoria y para refugiados, que represente las mejores tradiciones de nuestra nación. Según la tradición judía, se debe recibir y valorar a los “extranjeros”, ya que nosotros fuimos una vez “extranjeros en la tierra de Egipto”. La Torá nos dice: “Como a uno de vosotros trataréis al extranjero que habite entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo, porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto” (Levítico 19:33-34). Además, recordamos cómo llegaron a este país nuestros padres y abuelos buscando una vida mejor, muchas veces huyendo de las persecuciones, y sabemos que hemos prosperado gracias a todo lo que nos ofreció este país. Se debería ofrecer también a otros la misma oportunidad.

El AJC permanentemente reafirma su compromiso con políticas inmigratorias justas y generosas, fundamentalmente buenas para Estados Unidos y en línea con los valores judíos. Incluso hoy, inmigrantes judíos, refugiados, y solicitantes de asilo inmigran a Estados Unidos desde todos los rincones del mundo, incluso desde lugares como la ex Unión Soviética, Yemen, Irán, y América Central y del Sur. Pero nuestro compromiso con políticas inmigratorias apropiadas no se refiere solamente a la comunidad judía, que constituye actualmente sólo una pequeña porción del flujo inmigratorio. Fundamentalmente tiene que ver con lo que consideramos más beneficioso para nuestro país en general, además de garantizar que nuestra nación actúe de acuerdo con sus más elevados valores. Al mismo tiempo, reconocemos la urgente necesidad de reformar nuestros sistemas de visa, fronteras y admisión, para impedir el acceso de quienes pretenden hacernos daño. Las políticas de inmigración estadounidenses deben garantizar nuestra seguridad nacional, controlar las fronteras de nuestra nación y hacer cumplir la legislación inmigratoria nacional en consonancia con el proceso debido y trato humanitario. Nuestro compromiso incluye también medidas que ayuden a incorporar a los recién llegados a la sociedad y cultura estadounidense.

Exigimos la reforma inmigratoria porque todos los días en nuestras congregaciones, programas de servicio, instituciones de atención de la salud, y escuelas somos testigos de las consecuencias personales de un sistema deteriorado y perimido. Vemos la explotación de los trabajadores indocumentados y la situación apremiante de las familias separadas, así como el incremento del temor en la comunidad debido a medidas de orden público que no son inteligentes ni humanitarias. Una reforma inmigratoria integral ayudaría a poner fin a este sufrimiento, abriendo la puerta a una vida mejor para aquellos que desean trabajar intensamente y contribuir de manera positiva a la sociedad norteamericana pero que por ahora deben vivir en las sombras, una situación que ofende la dignidad de todos los seres humanos.

La historia ha demostrado que los inmigrantes enriquecen a esta nación tanto económica como culturalmente, y la inmigración sigue siendo un ingrediente central para retener la fortaleza económica de Estados Unidos y su orgullosa tradición de pluralismo democrático. Según un informe del Instituto CATO, la legalización de inmigrantes resultaría en significativas ganancias de ingresos para los trabajadores y hogares norteamericanos.[i] El estudió encontró que la legalización de trabajadores inmigrantes poco calificados resultaría en un incremento de ingresos de 1,27% del PIB o 180.000 millones de dólares para los hogares norteamericanos. Más aún, la legalización permitiría mayor productividad a los inmigrantes y crearía más oportunidades para los ciudadanos estadounidenses en puestos más calificados. Como tal, una política inmigratoria justa y generosa no sólo reflejaría nuestros más elevados valores de libertad, oportunidad, y cohesión familiar, sino que también beneficiaría a nuestra nación a nivel material.

Una reforma integral de la inmigración debe aportar un abordaje holístico para reformar nuestro sistema inmigratorio, que deberá incluir:

1.      Cambios a la legislación inmigratoria familiar y adaptación de los cupos a los futuros flujos de inmigrantes, incluyendo visas para trabajadores calificados y con poca calificación.

La familia es la piedra angular de la sociedad norteamericana. Las familias unidas construyen individuos y comunidades fuertes. En la actualidad, muchas familias inmigrantes permanecen separadas durante años –a veces incluso décadas- por las demoras burocráticas de otorgamiento de visas. Una reforma inmigratoria integral significa reformar el sistema para acelerar el proceso de visado en favor de la reunificación familiar. Esto implica tornar más accesibles las visas familiares, reducir su demora actual, y en general reorientar el sistema priorizando la unidad familiar. Además, es importante que al reformar el sistema inmigratorio, nos opongamos a negar la ciudadanía a los niños inmigrantes nacidos en Estados Unidos, lo que viola la decimocuarta enmienda de la constitución de Estados Unidos. También debemos garantizar que las visas familiares no compitan con otras categorías de visado. Disposiciones como estas son inhumanas y lesivas para lograr la unidad familiar.

El actual sistema inmigratorio no se ha actualizado en 20 años, y el masivo atraso de las solicitudes de visa es uno de los múltiples signos de que no funciona. En lugar de un flujo continuo y manejable de inmigración legal que una a las familias y cubra las necesidades de empleo calificado y poco calificado de la nación, tenemos un flujo incontrolable de inmigración ilegal. Cada año, miles de visas quedan sin usar debido a la burocracia; esto significa que un promedio de 20.000 inmigrantes que podrían recibir legalmente una visa no la reciben. El sistema está quebrado y debemos repararlo.

2.      La vía a la legalización para los inmigrantes que ya están en Estados Unidos

Actualmente hay unos 11 millones de inmigrantes indocumentados en Estados Unidos. Una reforma inmigratoria integral proporcionaría a estos inmigrantes una vía para adquirir una situación legal y una eventual y merecida ciudadanía. Esta vía debería ser realista, en lugar de ser tan complicada que impida la integración. Criterios razonables podrían ser: aprender inglés, tener un empleo, carecer de antecedentes criminales, y/o pagar una modesta multa. Sin embargo, las multas no deberán ser excesivas, se considerarán exenciones para las poblaciones vulnerables, y los inmigrantes no deberían tener que retornar a su país de origen para solicitar una situación legal o la ciudadanía. Éstas medidas sólo disuadirían la participación en el proceso de legalización.

3.       Facilitación y apoyo a la integración de inmigrantes.

Muchos inmigrantes desean naturalizarse pero carecen de los instrumentos necesarios. El AJC considera que la aculturación exitosa de los inmigrantes es fundamental para una sólida política inmigratoria, e insta a acometer mayores esfuerzos para facilitar la adaptación de los recién llegados a la sociedad norteamericana. La aculturación debe incluir la comprensión y aprecio por las instituciones democráticas norteamericanas, el patriotismo, y los principios constitucionales, entre ellos la igualdad ante la ley y el proceso debido. Al mismo tiempo, sin un compromiso serio hacia el pluralismo y el respeto por las culturas inmigrantes, Estados Unidos corre el riesgo de aumentar la tensión y el resentimiento étnicos. Es necesaria la incorporación exitosa de los inmigrantes y el respeto por el pluralismo para preservar el “sueño americano” y apalancar a la democracia.

En consonancia con estas creencias, el AJC apoya la creación y/o el refuerzo de programas y prácticas diseñadas para aculturar a los inmigrantes, mayor financiación para los mismos, y más apoyo a programas para adultos y niños. Una reforma inmigratoria integral deberá también asignar enfatizar la importancia del aprendizaje de inglés para los recién llegados –adultos y niños- con mayor financiación para dichos programas a fin de que todos los que deseen hacerlo tengan la oportunidad de aprender inglés al llegar a Estados Unidos, o en poco tiempo. Finalmente se debe reconocer que no se logrará la aculturación sin la participación significativa de las instituciones comunitarias.

4.     Medidas de cumplimiento inteligentes y humanitarias que apuntalen nuestra seguridad nacional.

Las políticas fronterizas deben ser congruentes con los valores humanitarios y la necesidad de tratar a todos los individuos con respeto, permitiendo al mismo tiempo a Estados Unidos implementar su legislación inmigratoria e identificar y evitar el ingreso de criminales, y de personas que deseen hacernos daño o que significan un riesgo para nuestra seguridad nacional.

Al actualizar y reformar las medidas de seguridad fronteriza, deberá haber (1) mayor intercambio de inteligencia entre los organismos nacionales de inteligencia y de vigilancia respecto de potenciales terroristas; (2) mayor uso de tecnología antifraude novedosa para crear pasaportes y visas resistentes a la falsificación, y analizar documentos sospechosos; (3) niveles de seguridad con muchos puestos de control para quienes parten y arriban a Estados Unidos; y (4) mejoras en el sistema que rastrea a los extranjeros que ingresan y parten de Estados Unidos, incluyendo el enérgico monitoreo de quienes ingresan con visas de estudiante, visitante, o empleo; emparejamiento de ingresos y salidas de Estados Unidos para alertar al gobierno sobre aquellos que permanecen en el país una vez vencidas sus visas; y un mejor cumplimiento de la legislación aplicable a quienes superan el período permitido por la visa.

En la medida en que el Congreso considere, como parte de una reforma inmigratoria integral, la creación de un sistema electrónico obligatorio de verificación de aptitud laboral y acciones referidas a “sanciones a empleadores” que los castigue por emplear a sabiendas a inmigrantes no autorizados, dichas medidas deberán incorporar garantías adecuadas para proteger a los trabajadores de la discriminación en el lugar de trabajo.

5.       Reforma de las políticas de detención, protección del proceso debido, y protección especial para solicitantes de asilo, refugiados y poblaciones vulnerables.

Las políticas inmigratorias deberán respetar los derechos humanos y garantizar el proceso debido a todas las personas. Hemos sido testigos de cómo redadas inmigratorias indiscriminadas han causado trauma y penurias a miles de individuos. Dichas redadas separan familias, destruyen comunidades, y amenazan los derechos básicos de inmigrantes y ciudadanos estadounidenses por igual. El sufrimiento causado por la dependencia exagerada de redadas justificadas por el Cumplimiento de Inmigración y Aduana (ICE) a hogares y lugares de trabajo, y por el programa INA 287 (g) (que ha llevado al profuso abuso del cumplimiento de la legislación local en cuestiones de inmigración civil y catalogación racial, y ha impuesto un efecto disuasorio a las comunidades), resalta los problemas de las actuales políticas inmigratorias y la urgente necesidad de una reforma.

Instamos al nuevo Gobierno y Congreso a reducir la detención de inmigrantes, especialmente grupos vulnerables y solicitantes de asilo, y mejorar las condiciones de detención aprobando reformas claras, y ejecutables que incluyan normas rigurosas de tratamiento médico y mayor acceso a guía espiritual, asesoramiento legal y programas de orientación legal. Más aún, el gobierno debería acelerar la liberación de solicitantes de asilo y otros que no implican riesgos para la comunidad, y expandir el uso de alternativas para la detención, basadas en la comunidad, más humanitarias y costo-efectivas. En resumen, las medidas de ejecución como detención y redadas se deberían usar limitadamente, de manera humanitaria, y de acuerdo con el proceso debido.

En resumen, el AJC insta a nuestros funcionarios electos a aprobar legislación que incluya lo siguiente: la oportunidad para los trabajadores que ya están aportando al país de salir de las sombras, regularizar su situación cumpliendo criterios razonables y, con el correr del tiempo, tener la opción de convertirse en residentes permanentes legales y eventualmente ciudadanos norteamericanos; reformas a nuestro sistema inmigratorio basadas en la familia, para reducir significativamente los tiempos de espera de las familias separadas que actualmente aguardan muchos años para poder reunirse; la creación de medios legales para los trabajadores y sus familias que desean emigrar a Estados Unidos, para que ingresen a nuestro país y trabajen de manera segura, legal, y ordenada con total protección de sus derechos; reducir el uso de detención para inmigrantes, especialmente grupos vulnerables y solicitantes de asilo; y políticas de protección fronteriza congruentes con los valores humanitarios y con la necesidad de tratar a todos los individuos con respeto, permitiendo al mismo tiempo a las autoridades cumplir la esencial tarea de identificar e impedir el ingreso de terroristas y criminales peligrosos, reforzando así nuestra seguridad nacional y cumpliendo la legítima tarea de implementar la política inmigratoria estadounidense.

El AJC insta a nuestros funcionarios electos a abordar el debate sobre reforma inmigratoria de manera civilizada y respetuosa, sin culpar a los inmigrantes  por nuestros problemas sociales y económicos o por las atrocidades cometidas por los pocos que han realizado actos de terrorismo. Un proceso polarizado que carezca de urbanidad afecta el discurso deliberativo y no presta servicio a los mejores intereses de nuestra nación.

Como organización de inspiración religiosa,   llamamos la atención sobre las dimensiones morales de la política pública y pretendemos políticas que respeten la dignidad humana de cada persona, creadas b’tselem elohim, a imagen de Dios. Relacionamos el tema inmigratorio con el objetivo de diseñar un sistema inmigratorio que facilite la condición legal y la unidad familiar con miras a cumplir con la dignidad y los derechos otorgados por Dios a los individuos, incluso en cuanto refuerza nuestra seguridad nacional y promueve el respeto por el imperio de la ley. Es nuestra plegaria colectiva que el proceso legislativo produzca un sistema inmigratorio justo del cual se sienta orgullosa nuestra nación de inmigrantes.

El AJC agradece la oportunidad de presentar esta declaración y espera vuestras preguntas y comentarios.

i Peter B. Dixon y Maureen T. Rimmer, Restriction or Legalization? Measuring the Economic Benefits of Immigration Reform, Center for Trade Policy Studies, CATO Institute, No. 40, 13 de agosto de 2009, P.1.