Discurso de Antonio Villaraigosa, Alcalde de Los Angeles
"Reflexiones en el Centenario"
Señoras y señores:
Quisiera comenzar agradeciendo a mi amigo Larry Ramer del American Jewish Committee.
Y también quisiera saludar al Alcalde Bill White de Houston, Texas.
El año pasado, cuando el huracán Katrina devastó Nueva Orleáns, el Alcalde White y los habitantes de su ciudad respondieron como lo hacen los buenos vecinos.
Reaccionaron según lo requería la emergencia.
Abrieron sus hogares... sus iglesias... sinagogas... y escuelas.
Y acogieron a decenas de miles de refugiados de la costa del Golfo; muchos de ellos aún encuentran refugio seguro en la ciudad de Houston.
Les pido un aplauso para Bill White y la gente de Houston, Texas, por mostrarnos a TODOS el camino a la superación!
Amigos, no puedo describir el honor que significa estar aquí hoy. Poder desempeñar un pequeño rol en la celebración del centenario de una organización que se destaca entre los grupos señeros que luchan por los derechos civiles en nuestra nación.
Como todos ustedes saben, el American Jewish Committee se creó en el año 1906... justamente cuando la comunidad judía estaba sufriendo la agonía de una de las cuantiosas migraciones masivas de la historia.
Y los refugiados de entonces –VUESTROS abuelos y bisabuelos- estaban huyendo de una tormenta diferente...
Una tormenta de inconmensurable violencia y poder destructivo...
Una tormenta que extraía su energía directamente del flagelo del antisemitismo...
Y que siguió su camino a través de Rusia y Europa oriental... desde las ciudades más grandes a los shtetls más pequeños... a lo largo de cuarenta años.
Los historiadores pueden analizar por qué ocurrieron los pogroms en ese período particular de nuestra historia.
Algunos señalan el surgimiento del moderno estado nación.
Otros citan las fracturas causadas por un orden económico y social cambiante...
Y muy cerca de la superficie, siempre merodean las antiguas intolerancias.
Sin embargo, independientemente de la causa... el EFECTO fue una manifestación impensable de intolerancia y brutalidad a escala masiva.
Y si se puede encontrar el más mínimo atisbo de resplandor de sol en esta tormenta, consiste en lo siguiente:
Como ha ocurrido con frecuencia en nuestra historia, Estados Unidos ha sido el beneficiario fortuito de la tragedia.
Entre 1880 y 1920 arribaron a este país más de 2 millones de judíos. Y encontraron un hogar diferente en Estados Unidos
Como alcalde de nuestra segunda ciudad más populosa, me resulta particularmente significativo que la mayoría de estos refugiados hayan construido sus hogares en nuestras ciudades más grandes.
Se establecieron en la zona sur de Filadelfia. Hacinaron a sus familias en los conventillos del Lower East Side. En Los Ángeles, transformaron el adormilado suburbio tranviario de Boyle Heights en una comunidad bulliciosa de inmigrantes, con tiendas y sinagogas.
Y dondequiera que se establecieron, la mayoría de los judíos inmigrantes empezaron en el escalón más bajo de la escala económica. Construyeron empresas con sus propias manos, cubrieron los puestos en las fábricas, trabajaron en las maquilas y en los distritos de confección; limpiaron casas particulares y oficinas; manejaron taxis.
Y mucho más.
Debemos muchos de nuestros mayores logros comerciales, artísticos, legales, literarios y científicos a sus hijos a hijas.
Estos inmigrantes aportaron nuevo impulso al movimiento obrero estadounidense.
Insuflaron nueva vitalidad al lenguaje norteamericano.
Dieron vida a escritores como Roth y Bellow.
Nos legaron juristas como Brandeis y Bader Ginsberg; líderes de convicción como Paul Wellstone.
Y nos ayudaron a construir la economía norteamericana del siglo XX. Ayudaron a convertir a Estados Unidos en la gran potencia mundial que es hoy día.
Y precisamente aquí, en el centro de nuestras ciudades, estos refugiados de Rusia y Europa oriental triunfaron como pocos grupos de inmigrantes lo hayan hecho antes o después.
Por lo tanto, señoras y señores: en esta ocasión en que el American Jewish Committee orgullosamente celebra su centésimo aniversario, sostengo que lo que realmente debemos detenernos a pensar hoy es... qué significa ser forastero.
Aún cuando se trate del apellido Sensenbrenner, sospecho que en algún momento de la larga historia de la familia, encontrarán inmigrantes que vinieron a este país con poco más que la camisa sobre sus espaldas.
Y durante 100 años, el American Jewish Committee ha estado defendiendo a todas las personas que miran desde afuera sin poder ingresar.
Lucharon contra los cupos de inmigración.
Defendieron a los refugiados
Ayudaron a los refugiados que escapaban en botes y barcos (Boat People) en 1978
Estuvieron entre los primeros en luchar por legislación anti-linchamiento en la década de 1930.
En cada etapa del camino, lucharon por conseguir oportunidades para todos.
Y debido a que la historia del éxito de los judíos en Estados Unidos se relaciona tan fundamentalmente con la educación pública universal, gratuita y obligatoria, ustedes lucharon por un futuro en el que cada norteamericano tenga la oportunidad de exhibir su talento.
Presentaron el informe de amicus.
Aportaron pruebas clave en la causa Brown vs. el Consejo de Educación.
En el trabajo del American Jewish Committee, mantuvieron realmente la fe como Pueblo del Libro.
Ahora bien, sé que existe un debate encendido sobre inmigración en todo el país. Y yo he tomado una posición clara al respecto. Necesitamos una reforma bipartidaria, integral. ¡Es hora de que el Congreso actúe! Sin embargo, como me encuentro aquí con ustedes, celebrando el centésimo aniversario del American Jewish Committee, permítanme decirles cuál creo que es REALMENTE el problema esencial de los derechos civiles en la actualidad.
No podemos cumplir la promesa de oportunidad si no reconocemos el fracaso de las escuelas públicas en las ciudades de Estados Unidos.
Señoras y señores, cuarenta y seis por ciento de los habitantes de mi ciudad han nacido en el exterior.
Ochenta y cuatro por ciento de los alumnos de nuestras escuelas públicas son afro-americanos y latinos.
Las tres cuartas partes de nuestros niños reciben almuerzos gratuitos o a costo reducido.
Y en Los Ángeles, sólo once por ciento de los alumnos de 8º grado son competentes en matemáticas.
Ochenta y uno por ciento de los estudiantes de la escuela media están atrapados en escuelas “defectuosas”.
Y enfrentamos una emergencia de deserción en la escuela secundaria. Un estudio realizado por la Universidad de Harvard analizó el tema y halló que casi la mitad de nuestros alumnos no logra graduarse en cuatro años.
Al mismo tiempo, en Los Ángeles viven casi 40.000 pandilleros, más que en cualquier otra ciudad de la nación.
Modificar estas escuelas es el problema de derechos cívicos fundamental de nuestra era.
Quizás no haya un gobernador bloqueando la puerta de la escuela...
Probablemente no veamos filas de policías en las calles vestidos con equipo para disturbios...
Pero las barreras a la oportunidad son hoy día tan insidiosas como lo eran en Birmingham o Montgomery o en Central High School en Little Rock, Arkansas, en 1957.
No podemos repetir el éxito de las generaciones que nos precedieron si seguimos traicionando la promesa de una educación pública de calidad, universal. Nunca haremos realidad el sueño del pluralismo en el siglo XXI, si continuamos enviando a los niños más necesitados a las peores escuelas.
No podremos competir en la economía global en el largo plazo si seguimos perdiendo la mitad de nuestra fuerza de trabajo antes de terminar la escuela secundaria.
Y les digo lo siguiente: No podremos ocuparnos de cuidar a los Baby Boomers si no les enseñamos a estos jóvenes inmigrantes que viven en nuestras ciudades las habilidades que necesitarán para competir por los buenos empleos de una economía basada en el conocimiento.
Estoy aquí para decir que debemos trasladar el tema de la reforma educativa al frente y al centro del debate nacional.
No podemos permitirnos un minuto más de distracción por temas controvertidos como la enseñanza de “diseño inteligente”. Es hora de pasar a la cuestión fundamental: ¿Cómo podemos “diseñar inteligentemente” nuestras escuelas para darles a TODOS nuestros niños la oportunidad de una buena vida?
Señoras y señores, estoy liderando una campaña a favor de la reforma escolar en la ciudad de Los Ángeles.
Acabo de iniciar esta batalla. Y sé sin duda alguna que será una lucha difícil.
Me estoy oponiendo a algunos viejos amigos del sindicato de maestros.
Los conozco. Amo a muchos de ellos. Pero quiero decirles que temen al cambio.
Y resulta difícil culparlos.
Es sumamente difícil arriesgar lo que se tiene cuando nunca se ha tenido lo que se merece.
Sin embargo nuestros niños merecen algo mejor.
Por eso haremos lo que han hecho otros alcaldes del resto del país.
Como Tom Menino, Michael Bloomberg, y Richard Daley, estamos pidiendo un rol de supervisión
Estamos hacienda valer el supuesto de que nuestros niños merecen un liderazgo más fuerte y responsabilidad y rendición de cuentas por parte de la conducción.
Y les digo: estoy dispuesto a arriesgar mi futuro en pos de la reforma de estas escuelas.
No podemos pedir a nuestros niños que eleven sus expectativas... si no estamos dispuestos a elevar nuestras expectativas en cuanto a NOSOTROS MISMOS.
En medio de la migración histórica de judíos a Norteamérica –y justamente tres años antes de que naciera el American Jewish Committee --el Rabino J. Leonard Levy propuso una reforma amistosa al ritual de Pascua.
Planteó una Quinta Pregunta: “Dónde,” preguntó, “dónde encontramos actualmente libertad civil, política y religiosa unidas?”
Y propuso esta respuesta: “Para nosotros, Estados Unidos de Norteamérica se erige en el primer puesto entre las naciones que otorgan la mayor libertad a los que viven aquí!”.
“Por ende, honramos nuestra mesa con la bandera nacional. Esa bandera representa igualdad de libertad para todos los hombres. Significa igualdad de derechos para todos. Significa libertad de acción, libertad de expresión, gobierno democrático. Significa educación universal, luz para todas las mentes, conocimientos para todos los niños. Significa que la escuela es el baluarte de la libertad.”
Señoras y señores, después de la Segunda Guerra Mundial, los judíos de Boyle Heights se mudaron a mejores barrios al cambiar su situación. Probablemente les interese saber que el viejo barrio judío sigue albergando a una próspera comunidad de inmigrantes.
Ocupando sus lugares hay familias de recién llegados, mayormente de México, algunos de El Salvador, y si van allí, sospecho que expresarían el mismo sentimiento...
Si bien las palabras del Rabino tienen un siglo de antigüedad, su significado nunca sonó más real.
Seguimos necesitando luz para todas las mentes.
La escuela sigue siendo el baluarte de la libertad.
De ella depende nuestra democracia.
Muchas gracias por su atención.
Gracias a todos.
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