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AJC Interactions: A Monthly Summary of Latino & Jewish News & Issues


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Discurso del Presidente Tabare Ramon Vazquez del Uruguay
Discurso del Presidente Tabare Ramon Vazquez del Uruguay

 

 

 

Amigas y amigos:

 

Agradezco al Comité Judío Americano la oportunidad que me brinda de participar en su centésima Conferencia Anual que coincide, también, con el centenario de la fundación del Comité.

 

En términos históricos un siglo no es demasiado tiempo,  pero es tiempo suficiente para hacer historia. Y desde 1906, el Comité Judío Americano está participando en la historia no sólo  de la colectividad judía estadounidense, sino también en la historia de este país, en la historia del pueblo judío y en el devenir de la comunidad internacional.

 

Traigo a esta Conferencia el saludo del gobierno y del pueblo de la República Oriental del Uruguay, un país joven, pequeño en territorio y población, pero grande en valores, en principios y en cultura.

 

Grandeza a la cual aportaron miles de judíos  perseguidos por la intolerancia que llegaron a nuestro país  y allí encontraron un lugar donde vivir en paz y hacer realidad sus sueños y sus derechos.

 

Amigas y amigos:

 

Hace un instante hablé del pasado e hice referencia a sueños, a derechos y a tolerancia.

 

Es necesario hablar del futuro. Y al hacerlo, también es necesario hablar de sueños, de derechos y de tolerancia. Porque sin tolerancia no hay derechos, sin derechos no hay utopías, y sin utopías no hay futuro pues  la vida es apenas la antesala de la muerte.

 

Creo que esta conferencia es una buena ocasión para hacerlo, porque el pueblo judío tiene una larga historia y tiene también –como todos los pueblos- derecho al futuro.

 

Amigas y amigos:

 

Sé que es difícil reivindicar la utopía cuando están tan de moda el pesimismo y la irresponsabilidad de conceptos tales como el fin de la historia.

 

Pero es necesario hacerlo pues así como va, la humanidad no llegará muy lejos. Y de esa frustración no se salvará nadie; en ella  no habrá vencedores, todos seremos víctimas ....

 

Sé además  que también  es difícil reivindicar la tolerancia  en un contexto mundial castigado por el terrorismo y signado por la desigualdad.

 

En realidad, permítanme decirlo enfáticamente,   tanto el  terrorismo como la desigualdad son intolerables.

 

Hay que ser implacables con sus consecuencias y con los responsables de las mismas.

 

Pero también hay que ser implacables con sus causas y asumir responsabilidades ante ellas.

 

Las sociedades y  la comunidad internacional son sistemas dinámicos. Y en tanto tales, y al igual que el organismo humano para cumplir sus funciones vitales, necesitan cierto equilibrio omeostático para funcionar adecuadamente.

 

Una de las claves de ese equilibrio radica en la tolerancia.

 

La tolerancia como reconocimiento al otro, que es también un mecanismo de ser reconocidos. Es obvio que quien es incapaz de tolerar difícilmente resulte  tolerado ....

 

La tolerancia como comprensión del pluralismo y como factor de inclusión social, ciudadanía y  democracia

 

 

En estrecha relación con la anterior, otra de las claves de ese imprescindible equilibrio omeostático son los derechos (que son un sistema en sí mismos: un sistema de derechos, valga la redundancia, y de responsabilidades).

 

Y dentro de los derechos, los derechos humanos.

 

Es innecesario resaltar en este ámbito la importancia de los derechos humanos. Pocos pueblos como el pueblo judío han sufrido tanto y durante tan largo tiempo  el desconocimiento de los mismos

 

Lo necesario es  que todos trabajemos en la profundización del campo de los derechos humanos basados en el principio de que son universales, interdependientes, indivisibles e inalienables.

 

Amigas y amigos:

 

La humanidad tiene muchos y muy graves problemas.

 

Pero el más grave, tal vez, es el problema de quienes se niegan a la palabra, de quienes pretenden imponerse por la fuerza, de quienes sólo creen en el poder.

 

No es un problema nuevo. Ya está presente en  “Gorgias”, aquel diálogo platónico entre Sócrates y Calicles.

 

En ese diálogo Sócrates sostiene que es mejor padecer una injusticia que cometerla mientras que Calicles, una especie de nazi antes de època, sostiene lo contrario y afirma que lo único bueno y legítimo es la voluntad de fuerte.

 

A lo largo del diálogo los argumentos de Sócrates comienzan a convencer a Calicles. Pero éste, cuando se da cuenta de ello,  se niega a seguir dialogando.

 

Aquel viejo problema aún subsiste y a menudo priva a la humanidad no solamente de ser racional, sino también de ser razonables. Es decir: no solamente de adoptar los mejores medios para obtener los mejores fines (eso, al fin y al cabo es la racionalidad), sino también de considerar al otro como un semejante (porque eso es ser razonable).

 

Y los resultados de esa autoprivación están a la vista ....

 

Pero: ¿tenemos que resignarnos a ellos?

 

No.

 

¿Porqué resignarnos a no ser racionales ni razonables?

¿Qué argumentos racionales y razonables pueden justificar la intolerancia y la violencia?

 

Contestar estas preguntas es la tarea  que tenemos planteada.

 

Una tarea que implica construir la paz como forma de conviviencia, la democracia como forma de gobierno y estado de la sociedad,  y la justicia como igualdad ante la ley y ante la vida.

 

Una tarea con la cual, estoy seguro, todos los aquí presentes estamos comprometidos.

 

Por eso también estoy seguro que esta centésima Conferencia Anual del Congreso Judío Americano será un sustantivo aporte a esa tarea permanente, colectiva, difícil como pocas, pero al mismo tiempo hermosa como ninguna.

 

Muchas gracias