Discurso del Presidente de Chile Ricardo Lagos durante la entrega del premio "Luz Sobre las Naciones" del American Jewish Committee
INTERVENCIÓN DE S.E. EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA,
RICARDO LAGOS,
AL RECIBIR PREMIO "LUZ SOBRE LAS NACIONES",
POR EL AMERICAN JEWISH COMITTEE
Santiago, 7 de noviembre de 2005
Saludo y agradecimiento
Queridas amigas, queridos amigos:
Como dijo el presidente de la Comunidad Judía de Chile, nuestro amigo Froimovich, a estas alturas somos todos amigos y amigas.
Lo que hemos escuchado nos ha emocionado enormemente. Pero yo quisiera expresar aquí, cuando nos acompañan autoridades del Estado de Chile, cuando nos acompaña mi antecesor, el Presidente Aylwin, que esta distinción que recibo la deseo entender como otorgada a los 15 millones de chilenos, que hemos podido ir construyendo este país después de un período largo y difícil.
Lo entiendo como un reconocimiento de todo el país, porque los logros obtenidos en la promoción de la democracia y los derechos humanos, son logros tras un período oscuro de nuestro país, pero donde fuimos capaces de ponernos de pie y construir una sociedad distinta.
Los valores que compartimos
El American Jewish Comittee, como lo hemos escuchado hoy en tan brillantes palabras de su presidente, comparte con Chile iguales valores, los valores de la democracia, del pluralismo y la tolerancia, como fundamentos y metas de un orden político a nivel nacional, de cada una de nuestras sociedades, pero también a nivel global. Valores que la experiencia de la historia nos ha hecho más que reforzar, pero valores que nos siguen exigiendo un esfuerzo permanente para preservarlos de viejas y de nuevas amenazas. Como dijo muy bien el presidente en su discurso “viejas y nuevas amenazas”.
Son estos valores los que en cierto modo se expresaron en la declaración universal de los derechos del hombre y del ciudadano de Naciones Unidas, en 1948, en donde hacen suyas todas las naciones y que entendemos que nadie puede transgredir. Doctrina que, es justo recordarlo, surgiera sobre la memoria de las trágicas experiencias provocadas por la guerra de agresión y las políticas de exterminio ejecutadas por el nazismo.
Esa declaración universal del 48 es la culminación de un largo esfuerzo del ser humano por alcanzar el consenso en un conjunto de áreas básicas que tienen que ver con la capacidad que tenemos de entendernos al interior de nuestras sociedades y entre distintas sociedades. No hay otro acuerdo internacional que haya sido logrado sobre la base de tantos sufrimientos como aquel.
Es por eso, y porque también en esta Patria nuestra ha habido algunos que en un momento pensaron que era posible también violar impunemente los derechos humanos, que puedo decir con tanta convicción como energía que en Chile no hay lugar para el antisemitismo ni para ninguna expresión de odio, discriminación o prejuicio nacional, racial o religioso.
La identidad y la memoria judía
Queridos amigos y amigas: ustedes pertenecen a un pueblo -tal vez el pueblo por excelencia a lo largo de la historia de la humanidad- para el que la memoria ha jugado un papel decisivo en su cohesión a lo largo del tiempo. Esa memoria colectiva que arranca de una fe común, pero que les permite sobrevivir tras tanto tiempo, cuando no hay un suelo común en torno al cual construir una patria. Ha sido la memoria lo que ha preservado a lo largo de generación tras generación al pueblo judío. Las tradiciones orales y familiares mantuvieron viva la fe, la unidad de un pueblo esparcido por toda la Tierra, que supo de éxodos y expulsiones, pero que fue el sino, a lo largo de la historia, el sino de este pueblo.
La comunidad judía en Chile
Muy lejos de todo aquello, en un extremo del mundo, casi cayéndose en el sur-sur del mundo, Chile ha sido una tierra de acogida para inmigrantes de muy diversas procedencias, que han encontrado aquí un espacio para integrarse a una sociedad que ha aprendido a nutrirse de esa diversidad que la enriquece, así como también a intentar preservar y cultivar las propias tradiciones que dan forma a sus identidades.
Así ha ocurrido con los miles de judíos asquenazíes de Europa Oriental, sefardíes del Mediterráneo, que comenzaran a llegar a Chile hacia el inicio del siglo XX, buscando dejar atrás las discriminaciones, persecuciones o el hambre que sufrían en el Viejo Mundo.
Y así se fue haciendo Chile, con aquellos que aquí estaban cuando llegó el conquistador español y con aquellos que después fueron llegando de distintos rincones del mundo, aquellos que después de la década del 30 llegaron para ponerse a salvo de los horrores del nazismo.
Como aquí se ha recordado, la comunidad judía de Chile ha hecho aportes notables al tejido social, político, intelectual y cultural de nuestra nación. Judías y judíos, intelectuales y artistas, profesionales, trabajadores y emprendedores, han hecho mejor a Chile con su contribución. La presencia de todos ustedes aquí esta noche lo demuestra.
Los pueblos, siempre he pensado, se enriquecen de muchas formas. Se enriquecen por el progreso material, pero también se enriquecen por ese otro progreso, más tenue, más complejo, más difícil de aprehender a ratos, que es la incorporación y asimilación de distintas culturas. No para erradicarlas, sino para potenciarlas, entendiendo que un país es más rico, una sociedad es más abierta cuando es capaz de preservar distintas culturas.
Ese es el aporte más importante, a mi juicio, que esta comunidad ha hecho a Chile: hacer nuestros los valores permanentes de una cultura que es milenaria, pero que al mismo tiempo es actual.
Y quisiera aquí decirles que en Chile estamos orgullosos de ese aporte, como el aporte del siglo XIX de alemanes e italianos, como el aporte de británicos, irlandeses y escoceses, como el aporte de belgas y franceses, de tantos que miraron a Chile para iniciar aquí una nueva vida. Y también quiero decirles que estamos sumamente orgullosos de poder afirmar que esta comunidad judía tan importante, vive no sólo en paz, sino en cordialidad con casi trescientos mil miembros de la comunidad árabe palestina en Chile.
Paz para Israel y Palestina
Entonces, ¿qué quisiéramos para el mundo? Que esta convivencia que aquí se ha dado, en este sur del mundo, entre aquellos que vinieron de Israel y Palestina, o de esa cultura que viene de Israel y Palestina, para que allá también puedan vivir seguros y en paz.
Por eso que la República de Chile, como se recordó, fue de las primeras en reconocer el Estado de Israel, con el cual desde entonces hemos mantenido y profundizado una cercana y fructífera relación bilateral. Pero también, con la misma fuerza quisiera decir que tienen derecho los palestinos a tener un Estado Palestino. Pero no puede verse ese Estado Palestino como una amenaza a un Estado de Israel que tiene derecho a tener sus propias fronteras, sólidas, firmes, estables y en paz.
Final
Por eso, uno no puede sino, en una noche como ésta, en que estamos hablando de los valores permanentes del ser humano, hacer votos y reiterar nuestro compromiso con el proceso de paz en Medio Oriente.
Quisiere decirlo aquí, porque de un punto político a ratos uno puede encontrarse en las antípodas de otras personas, pero el Primer Ministro Sharon creo que ha sido tremendamente valiente al atreverse a dar los pasos para el retiro de Gaza, como lo ha estado haciendo. Eso también significa -como tuvimos ocasión de conversarlo con el Presidente de la Autoridad Palestina, Hamas, en su visita a Chile- también una tremenda responsabilidad para la Autoridad Palestina, de poder establecer el orden al interior de los territorios que se desocupan.
En otras palabras, creemos que es indispensable que para que haya paz en el Medio Oriente, si creemos en lo que hemos dicho aquí esta noche, ambos pueblos pueden y deben vivir en paz, y convivir en ese espacio de tierra.
En el Tratado de los Padres se dice que es sabio aquel que siempre encuentra algo que aprender de otro hombre. Hoy día, tal vez, para que no se nos acuse de discriminación de género, diríamos aquel que siempre encuentra algo que aprender de otro ser humano.
Por eso quisiera hacer en esta ocasión, al agradecer este homenaje, hacer votos para que hombres y mujeres de Chile, en toda su diversidad, e incluyendo, por cierto, a quienes integran esta nuestra comunidad judía, junto a las comunidades judías de todo el mundo, podamos seguir intentando alcanzar esa sabiduría que alcanza de aprender algo de otro ser humano.
Aquí en Chile nos costó aprender que teníamos que tener como sociedad un destino común, una visión común. Y lo que hemos hecho en estos años, luego de recuperada la democracia, ha sido más que una coalición política, más que el liderazgo del Presidente Aylwin, primero, y Frei después, ha sido tal vez un esfuerzo por alcanzar una concordia entre todos nosotros, entendiendo que podemos tener un conjunto de valores comunes, propuestas convergentes y una visión común del futuro de Chile en lo central, manteniendo las diferencias, porque, en definitiva, son las diferencias las que hacen la identidad de cada ser humano, pero aprendiendo que esas diferencias no pueden poner en peligro un proyecto común, como el que hoy Chile tiene entre sus manos.
Por eso en estos días, en donde ha habido algunos reconocimientos a lo que se ha logrado en Chile, esos reconocimientos encuentro que van para un país que cuando se acerca a los 200 años de vida independiente va encontrando un rumbo común como pocas veces en nuestra historia.
Y sólo nos queda esperar, entonces, seguir teniendo la sabiduría de poder aprender de otro ser humano. Como han sido las palabras de esos sabios judíos en el Tratado de los Padres. Es tal vez esa la razón por la cual ahora ustedes han creído conveniente entregar este premio, de Luz sobre las naciones. Y esta Luz sobre las naciones es una luz sobre una nación en particular, Chile, pero también lo tenemos que entender como una luz de cómo entendemos un mundo que requiere de reglas al igual que al interior de un país.
Por eso me pareció tan importante su referencia a qué hacer con las pandemias, con el medio ambiente, qué hacer con el terrorismo, qué hacer con el respeto a los derechos humanos, qué hacer sobre aquellos bienes que son bienes públicos, que pertenecen a toda la humanidad, y que si los queremos preservar, el multilateralismo es la única respuesta, así como queremos normas al interior de nuestras sociedades, cómo tenemos normas entre las distintas sociedades.
Después de todo, es ese multilateralismo el que ha guiado la participación de Chile en los foros internacionales, en la convicción que las normas que queremos al interior de nuestro país, ojalá puedan abrirse paso también para tener un mundo más estable, más seguro, más en paz, y en donde todas las naciones sientan que los avances de ese mundo llegan a todos los rincones del mundo.
En suma, lo que queremos para este Chile nuestro, lo queremos también para el mundo.
Muchas gracias. |