alt alt

AJC Interactions: A Monthly Summary of Latino & Jewish News & Issues


Read Z Word, www.z-word.com
AJC Advocacy Center
AJC Green Project
alt alt
 
Pavoneándose de Teherán a Damasco, de Beirut a Gaza
 

Prácticamente se los puede vislumbrar pavoneándose.

En Teherán, por ejemplo.

Inicialmente sorprendido por la invasión encabezada por Estados Unidos a Irak en 2003, y el imponente despliegue de proeza militar, Irán, con soldados norteamericanos en sus fronteras, sin duda se preguntó si podría ser el próximo blanco.

Siete años después, los iraníes creen haber ajustado las cuentas con Washington.

Siete años de más y más centrífugas. Siete años de engaño nuclear. Siete años desafiando las resoluciones e informes del Consejo de Seguridad de la ONU y el Organismo Internacional de Energía Atómica. Siete años de dividir a la comunidad internacional. Siete años de ganar tiempo. Siete años sin modificar el intercambio comercial con gran parte del mundo. Siete años de participación irrestricta en la ONU, los Juegos Olímpicos, el Campeonato Mundial, el Foro Económico Mundial, y este año, la Conferencia de Seguridad de Munich. Siete años de proponer un mundo sin Israel, interferir en los asuntos iraquíes, y acosar a Estados Unidos. Siete años de pisotear los derechos humanos de su propio pueblo.

Y en Damasco, también.

Al igual que Irán, en 2003 Siria seguramente estaba sudando la gota gorda. Después de todo, las tropas de la coalición dirigida por Estados Unidos estaban al otro lado de la frontera, en Irak, y la posibilidad de medidas activas contra Siria debe haber cruzado la mente del Presidente Assad y sus manipuladores al menos una o dos veces.

No mucho antes, Siria había sido aislada a raíz del asesinato del ex Primer Ministro libanés Rafik Hariri en Beirut, y por permitir a los mercenarios jihadistas cruzar la frontera hacia Irak para hacer la guerra contra las tropas estadounidenses, conspirar con Corea del Norte para construir una planta nuclear secreta, aproximarse a Teherán, brindar hospitalidad a Hamas, y enviar armas –tanto propias como iraníes—a Hezbollah.

Sin embargo en la actualidadle resulta difícil a Siria encontrar alojamiento para todos los huéspedes occidentales que se apresuran a participar en el régimen de Assad. Por supuesto, cada uno de ellos proclama el honesto deseo de “convertir” a Siria de una conducta hostil a una armoniosa, incluso mientras se discuten los acuerdos comerciales. Pero la falta de éxito hasta el momento -- salvo la "aparente" voluntad de Damasco de reconocer finalmente la independencia soberana del Líbano-- no ha logrado detener el tráfico.

Y en el sur de Beirut, hogar de Hezbollah.

Las cosas no estaban tan bien en 2006. Hezbollah inició una guerra contra Israel. Pero cuando la guerra terminó, Hezbollah seguía de pie, a pesar de la paliza recibida.

Desde entonces, independientemente de las fuerzas de UNIFIL, Hezbollah no sólo ha reconstruido su arsenal militar, sino que ha logrado incorporarse al gobierno libanés, con un veto virtual sobre la toma de decisiones. Así, Hezbollah se convierte en parte integral del estado, al tiempo que maneja un estado dentro de un estado, amenazando permanentemente a Israel y operando células dormidas en América Latina y otros sitios. Y ha evitado su inclusión en la lista de terroristas de la UE, gracias a ciertos países europeos que sostuvieron que dicha medida sería contraproducente (¿para qué?). Agreguemos a eso el actual puesto del Líbano en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde se ocupa de temas como Irán y el conflicto árabe-israelí. Resulta alienante pensar en la influencia directa e indirecta de Hezbollah, respaldado por Irán, sobre el ejercicio del poder. Y sin embargo, al igual que ocurrió con Irán y Siria, sigue habiendo occidentales infinitamente optimistas que creen que involucrarse con Hezbollah puede resultar beneficioso. Sin embargo hasta la fecha, el único beneficiario es Hezbollah, que adquiere una legitimidad inmerecida gracias a dichos contactos.

Y también en Gaza.

Mientras escribo estas líneas, han resultado muertos en altamar varios miembros del “Movimiento Gaza Libre”, después de provocar una violenta confrontación con israelíes que pretendieron abordar uno de los seis barcos. Fue trágico. Familias y amigos están llorando sus muertes. Además esto se podía haber evitado.

Según reconoció, la flotilla estaba haciendo una declaración política, no humanitaria. Israel había ofrecido transportar los insumos por tierra, pero eso no convenía a los propósitos de los organizadores, y tampoco la solicitud de llevar un mensaje al secuestrado soldado israelí Gilad Shalit, retenido por sus captores en Gaza durante casi cuatro años. Ni tampoco, según parece, los pasajeros eran aspirantes a Madre Teresa ni discípulos de Gandhi.

El propósito era romper el bloqueo israelí para permitir el libre envío de cualquier cosa –sí, cualquiera, incluso armas- al enclave terrorista. 

Para el implacable, cínico Hamas, cuanto mayor sea el derramamiento de sangre, mejor. Los líderes de Hamas pueden derramar en público lágrimas de cocodrilo por las víctimas fatales, pero en la intimidad la cosa es diferente. Después de todo, una vez más es Israel, y no Hamas, quien se encuentra en una situación difícil.

Piénsenlo.

Tenemos a Hamas, un grupo jihadista financiado por Irán, relacionado con la Hermandad Musulmana. En su espeluznante Carta fundacional, disponible para su lectura, insta a la destrucción de Israel y su reemplazo por un estado islámico, basado en la Shari’a.

Estados Unidos y la Unión Europea han declarado a Hamas como grupo terrorista. En tal sentido, el director del FBI, Robert Mueller testificó ante el Congreso sobre su presencia activa -y peligrosa- en Estados Unidos.

Hamas representa una clara amenaza para Egipto, que ha cerrado su propia frontera con Gaza y está construyendo allí un muro de acero de diez kilómetros.

Hamas expulsó a la Autoridad Palestina de Gaza en junio de 2007, después de que sangrientas escaramuzas en ese momento y en ocasiones anteriores dejaran un saldo de varios centenares de víctimas fatales.

Organiza campamentos de verano para niños donde les enseñan jihad, martirio y artes marciales, y reprueba los campamentos de verano organizado por la ONU por mezclar a niños y niñas, y supuestamente permitir que los niños sean precisamente eso: niños.

Ese mismo Hamas que llevó el aislamiento a Gaza mediante las armas, por así decirlo, y rechazó las tres condiciones para la participación establecidas por el Cuarteto, se ha convertido ahora en objeto de simpatía y preocupación, según lo ha demostrado la flotilla y sus seguidores, incluyendo notablemente a Turquía.

Y sin embargo es Israel, que pretende ejercer su derecho de autodefensa contra un grupo dedicado a su destrucción, y no el grupo, quien provoca hoy alaridos de protesta. Esto es lo mismo que ocurrió después de que Israel agotara su paciencia en diciembre de 2008, y decidiera que no podía tolerar más ataques diarios con misiles y morteros desde la Gaza controlada por Hamas.

Y una vez más se hace presente un mundo al que le tiemblan las rodillas -- cada vez más incapaz, pareciera, de distinguir entre el incendiario y el bombero, el déspota y el demócrata, el provocador y la víctima, o simplemente atemorizado por las consecuencias de las verdades obvias.

¿Dónde está el Winston Churchill de nuestra era -- el líder que con claridad y coraje, hace desaparecer la niebla, ilumina el escenario, define las apuestas, y nos incita a recuperar la cordura?