Estimado Presidente Lula,
Le escribí en la primavera, muy preocupado por la visita programada del presidente Mahmoud Ahmadinejad a Brasilia el 6 de mayo.
Afortunadamente esa visita no se realizó.
Lamentablemente, está programada para el mes próximo.
Sr. Presidente, le ruego que reconsidere.
Usted es un líder político muy admirado. Brasil, bajo su gobierno, se ha posicionado rápidamente en la escena mundial, según sus propias palabras, como "ciudadano de primera" de la comunidad internacional.
¿Por qué querría usted otorgar su considerable prestigio a Ahmadinejad, que lo desea enormemente pero sin duda no lo merece?
¿Por qué habría Brasil, actualmente un bastión de los valores democráticos, buscar vínculos más estrechos con Irán, su absoluto opuesto?
Sr. Presidente, Ud. habló apasionadamente ante Naciones Unidas hace algunas semanas sobre el mundo que desea construir.
Instó a la preservación y expansión de los derechos humanos. Sin embargo, bajo el régimen actual, Irán ha pisoteado los derechos humanos de manera flagrante, brutal y repetida.
Usted expresó su apoyo al desarme y la no-proliferación. Sin embargo, bajo el régimen actual, Irán se está armando rápidamente y violando las resoluciones vinculantes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y los lineamientos del Organismo Internacional de Energía Atómica sobre proliferación nuclear.
Usted apeló a confrontar al terrorismo “sin estigmatizar a grupos étnicos y religiones". Sin embargo, bajo el régimen actual, Irán activamente promueve y financia el terrorismo y ha tomado como blanco a grupos étnicos y religiones específicas, incluyendo a la comunidad judía en su propia zona, Sudamérica.
Y usted presentó una visión de una solución de dos estados, un estado palestino al lado de Israel. Sin embargo, bajo el régimen actual, Irán pretende un mundo sin Israel, lisa y llanamente.
En otras palabras, señor Presidente, no sólo no comparte Irán sus principales opiniones, sino que se opone a ellas activamente.
Quizás usted considera que el diálogo entre naciones puede cambiar la manera de pensar. A veces es así, sin duda.
Pero muchos han intentado ya ese tipo de diálogo con Irán, cada uno de ellos pensando que encontraría la llave para ingresar a una nueva y prometedora era con Teherán.
Los resultados demuestran lo contrario. Los líderes iraníes sólo han endurecido su postura a lo largo de los años, mientras buscaban explotar las oportunidades diplomáticas y comerciales que se les han ido ofreciendo en visitas a capitales desde Ankara a Moscú, desde Kuala Lumpur a Nueva Delhi.
Ahora, como usted sabe, hay un nuevo diálogo con Irán, pero este pretende ser diferente.
A comienzos del mes, representantes de seis naciones, miembros permanentes del Consejo de Seguridad más Alemania, se reunieron con funcionarios iraníes para decirles que se está agotando la paciencia en relación con el familiar patrón de negación y engaño respecto de su programa nuclear que emplea Teherán.
Por lo menos por ahora, estas conversaciones representan la mejor esperanza de alejar a Irán de su peligroso rumbo. ¿Por qué entonces la necesidad de recibir al Presidente Ahmadinejad cuando el efecto no buscado podría ser una complicación aún mayor de las negociaciones?
Sr. Presidente, la primavera pasada, cuando le escribí, la situación contra el Irán de Ahmadinejad ya era apremiante. En los meses posteriores, el apremio aumentó aún más.
Considere las elecciones del 12 de junio en Irán. Es evidente que hubo ilegalidades y adulteración de votos.
O sus consecuencias. ¿Cuántos de los iraníes que salieron a protestar fueron arrestados, golpeados, torturados y asesinados? Recuerde el asesinato de Neda Agha-Soltan, que llegó a simbolizar la violencia del régimen contra su propio pueblo.
Considere la suerte de siete líderes Bahai, miembros de una comunidad largamente perseguida, que fueron detenidos bajo acusaciones falsas y enfrentan la pena de muerte. El juicio está programado para este mes, habiendo sido pospuesto desde agosto, porque su abogado fue arrestado después de las elecciones.
Considere el discurso de odio de Ahmadinejad el día de Al-Quds, el 18 de septiembre. Una vez más dijo que el Holocausto es una mentira.
Considere sus comentarios ante Naciones Unidas unos días después, cuando acusó a los judíos de todo tipo de crímenes viles, dando pie a que se retiraran de la Asamblea General varias delegaciones europeas y latinoamericana, pero lamentablemente Señor Presidente, no la suya.
Considere el lanzamiento de misiles Shahab-3 y Sejil-2, anunciado con bombos y platillos el mismo mes. ¿Son estos los símbolos del compromiso de Irán a la convivencia pacífica con sus vecinos?
Y luego por supuesto, vino Qum. A pesar de los esfuerzos de Irán por “confundir” la historia de su planta de enriquecimiento no declarada, es evidente que se descubrió el gran engaño de Irán. ¿Cuántas otras plantas no declaradas puede haber en Irán? ¿Y cuál es su propósito sino promover la búsqueda por parte de Irán de capacidad de armas nucleares?
Sr. Presidente, haga lo correcto.
En aras de su compromiso con los derechos humanos y valores democráticos, haga lo correcto.
En aras de su búsqueda de la no proliferación y convivencia pacífica, haga lo correcto.
En defensa de los valientes iraníes que han arriesgado su vida, en algunos casos pagado con sus vidas, por oponerse al abuso de poder del régimen, haga lo correcto.
En favor de todos aquellos que en Brasil y otros sitios están escandalizados por la manera en que Irán trata a mujeres, homosexuales, minorías religiosas, periodistas independientes, estudiantes activistas, y sindicalistas, haga lo correcto.
En aras de la conciencia de Brasil y su ejemplo para el mundo, haga lo correcto.
O, el mes próximo, ¿será la alfombra roja, la mano extendida, la sonrisa cautivante, el cálido abrazo, los acuerdos suscriptos, y la promesa de vínculos más estrechos con Irán?
Sr. Presidente, mientras queda tiempo, le ruego que reconsidere – y haga lo correcto.
|