En medio de la dosis diaria de noticias deprimentes, tomemos distancia en esta época festiva y reflexionemos sobre el camino recorrido.
Mirar el cuadro histórico general crea contexto, ofrece esperanza, y aporta inspiración. Y en estos días, con toda su melancolía y fatalidad, debería ser obvio que necesitamos mega dosis de los tres.
Pensar retrospectivamente en los años de la posguerra significa comprender cuánto se ha logrado.
Primero, imaginemos cómo habrá sido ser judío sobreviviente en los días y semanas posteriores al fin de la guerra. Hubiera sido fácil, supongo, darse por vencido, arribar a la conclusión de que el precio de mantener una identidad judía era demasiado alto, como lo demostraron el Holocausto, y la reacción mayormente indiferente del mundo.
Sin embargo los judíos recuperaron su equilibrio, fe, y fortaleza, y redactaron a continuación un capítulo notable de la vida judía. Lo más sorprendente fue el viaje sin aliento, en sólo tres breves años desde el punto más bajo de la historia judía al más alto, la creación del moderno Israel.
Segundo, no sólo se creó Israel, sino que sobrevivió, y no sólo sobrevivió, sino que prosperó - contra todas las posibilidades y predicciones.
Nunca en la historia moderna un estado ha sido objeto de una campaña incesante para deslegitimarlo, desmoralizarlo, y en última instancia destruirlo, sin embargo los enemigos de Israel nunca han alcanzado el éxito en derrocar su espíritu, mucho menos su ejército. Israel se ha erguido alto y fuerte, ya sea en la Guerra de los Seis Días, los ataques a Entebbe y Osirak, o frente a la permanente amenaza terrorista. Su población sigue creciendo. Su ciencia e industria enriquecen el mundo. Su medicina y agricultura difunden vida.
Pensemos en esto como en una metáfora contemporánea para el éxito de Israel. Su sociedad abierta incorpora a refugiados de Darfur que huyen de sus hermanos musulmanes de Sudán, sedientos de sangre.
Seguro, Israel no carece de problemas, grandes problemas, pero no se debe permitir que ensombrezcan sus éxitos - y los éxitos nos dejan sin aliento, en sólo seis cortas décadas y contra el trasfondo de los inmensos desafíos que enfrenta a cada paso del trayecto.
Tercero, miremos a la comunidad judía norteamericana. Se trata de la misma que, en 1939, no pudo hacer nada por persuadir al gobierno de Roosevelt para que abriera las puertas de la nación a los refugiados judíos europeos del barco de pasajeros St. Louis. Y esta es la misma comunidad que fue objeto de un memorable artículo de tapa en 1964 en la popular revista semanal Look titulado "El judío norteamericano en desaparición". Irónicamente, mientras la comunidad judía norteamericana florecía en los años siguientes, Look se marchitó y, si, desapareció.
Ahora la misma comunidad que no pudo lograr influencia y peso político hace unas pocas décadas, y estaba destinada a la asimilación cultural en el crisol de Norteamérica, es acusada por gente como los Profesores John Mearsheimer y Stephen Walt de detentar un poder excesivo en Washington.
Cuarto, después de comenzar como forasteros que miraban hacia adentro –blanco de cupos de inmigración restrictivos, discriminación del conjunto ejecutivo, y políticas numerus clausus en universidades de elite -los judíos norteamericanos comenzaron a desempeñar un rol cada vez más prominente en cada uno de los aspectos de la vida y cultura de la nación. Nunca antes en la historia de la Diáspora una comunidad judía ha sido objeto de una aceptación tan plena, y respondido a la recíproca con aportes tan contundentes a la sociedad receptora.
Quinto, igualmente sorprendente, los judíos norteamericanos desarrollaron una infraestructura comunitaria extraordinaria. Esto incluye un número creciente de escuelas integrales judías (aún no tan populares como las de otros países como Australia, Brasil, México, y Sudáfrica), la revitalización de centros judíos en campus universitarios, y la extensa aceptación de los programas de estudios judíos como parte integrante de la educación superior para estudiantes judíos y no judíos.
Sin duda, la comunidad judía norteamericana enfrenta enormes dificultades de asimilación, analfabetismo judaico, e indiferencia, pero sus logros no se deben menospreciar ni minimizar.
Sexto, el rescate de judíos en peligro se convirtió en uno de los grandes logros de Israel y los judíos de todo el mundo, a veces acompañados por naciones, instituciones, e individuos comprensivos. En los años de la posguerra, se podía decir que ningún judío estaba solo, aún si trágicamente, no todos los esfuerzos en tal sentido llegaron a buen puerto.
Las historias de los judíos soviéticos y etíopes descuellan en la historia judía. Se debería enseñar como ejemplo a todas las generaciones el coraje de quienes no aceptaron calladamente la opresión ni ser ciudadanos de segunda, y decidieron tomar el destino en sus manos, sin importar los riesgos. Y la ayuda que recibieron para lograr este objetivo aparentemente inalcanzable, habla poderosamente de la responsabilidad colectiva y los destinos entrecruzados de todos los judíos del mundo.
Y quizás, lo más sorprendente de todo, es lo poco que se sabe de la cantidad de ciudadanos soviéticos y etíopes no judíos que trataron de hacerse pasar por judíos durante los años del rescate. Comprendían que ser judío podría significar un pasaje a una vida mejor, mientras a pocos parecía importarles su destino como no judíos en sociedades tiránicas. Imaginen. Sólo tres décadas después de la Segunda Guerra Mundial, ya no eran judíos que trataban de sobrevivir adoptando identidades no judías, sino exactamente lo contrario. Esta inversión hablaba a gritos del camino recorrido por el pueblo judío.
Séptimo, las comunidades judías remanentes de Europa occidental se reconstituyeron después de la guerra y reconstruyeron la vida judía - no sólo sus instituciones, sin duda importantes, sino su alma, su espíritu, su orgullo. Y si bien en cada país en el que los nazis habían entrado la cantidad de judíos disminuyó notoriamente y las cicatrices nunca se terminaron de cerrar - ¿cómo hubiera sido posible? – esto no impidió a los soñadores mirar hacia el futuro y hacer planes.
Octavo, esto fue aun más cierto en el caso de Europa oriental. Después de todo, aquellas comunidades judías, devastadas por la masacre nazi, sufrieron luego otras cuatro décadas de represión bajo el comunismo. Con pocas excepciones, se les negó su pasado judío, su presente era lóbrego, y su futuro era un agujero negro de temor e incertidumbre.
Viajar por la región hoy, veinte años después de la caída del Muro de Berlín, significa ser testigo de un renacimiento real de la vida judía. Es cierto, las cantidades son diminutas comparadas con lo que deberían haber sido, y los fantasmas de ayer están siempre presentes, pero la realidad no es menos estimulante.
Lo que los nazis no pudieron terminar, los comunistas pretendieron hacerlo a su manera - extinguir cualquier vestigio de vida judía que hubiera quedado. Actualmente los judíos de Polonia, Bielorrusia, Ucrania, Eslovaquia, y otros sitios son testimonio elocuente del fracaso absoluto de quienes albergaban fantasías de aniquilación.
Noveno, se han creado nuevas posibilidades para la diplomacia israelí. Si bien en algún momento Israel dependía en gran medida de sus lazos con Estados Unidos, una buena parte de Europa occidental y América Latina, y algunos países africanos y asiáticos, desde 1989 Israel ha encontrado oportunidades extraordinarias en países alguna vez hostiles, de detrás de la antigua Cortina de Hierro.
Durante la Guerra Fría, ¿podría alguien imaginar a un primer ministro israelí saliendo a hurtadillas hacia reuniones en Moscú con líderes rusos sobre problemas en Medio Oriente? La mera idea hubiera sonado absurda. ¿Podría alguien haber concebido a un presidente israelí viajando a Azerbaiyán, en algún momento república soviética, y país mayormente chiíta que linda con Irán, para reforzar los crecientes vínculos bilaterales? ¿Y podría alguien haber visualizado a líderes israelíes y polacos hablando de "alianza estratégica" entre sus países?
Y finalmente, pero no por ello menos importante, la paz es posible. Los tratados con Egipto y Jordania lo prueban. Distan de ser perfectos, lo entiendo. Queda mucho camino por recorrer antes de que estas relaciones se asemejen a los lazos entre Estados Unidos y Canadá, por decir algo. Pero estos tratados se han mantenido, contra viento y marea, durante treinta años en el caso de Egipto y quince en el de Jordania.
Aún queda por ver si otros tratados de paz están a la vuelta de la esquina. Personalmente, tengo mis dudas.
Pero así como Israel sigue defendiendo sus fronteras, decidido y alerta, debe también seguir escudriñando los cielos distantes buscando nuevas posibilidades de paz. Y cuando emerjan, aceptarlas.
Después de todo, la búsqueda de paz, paz duradera, ha sido el foco del trayecto de los judíos durante más de 3000 años.
Shana Tova. Que el año 5770 traiga nuevas razones para tikva, para la esperanza.
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