|
Comprendiendo a Israel
David Harris
Director Ejecutivo
American Jewish Committee (AJC)
6 de agosto de 2009
Casi todos los líderes políticos responsables enuncian hoy el deseo de contribuir a la paz en Medio Oriente.
Es más fácil decirlo que hacerlo. Un esfuerzo real para promover la paz requiere entender las motivaciones de las partes del conflicto.
No puedo decir que entiendo claramente qué impulsa a los palestinos. Al igual que el difunto estadista Abba Eban, no alcanzo a comprender por qué los líderes palestinos nunca pierden la oportunidad de dejar pasar una oportunidad.
Pero creo que cualquiera que busque genuinamente la paz, o que aspire a ser amigo del pueblo israelí, debería considerar cuatro factores clave que ilustran la visión del mundo de Israel.
Primero, la geografía.
Estos días, el comentario al pasar es que la geografía ya no importa en una era de misiles de largo alcance. No vayamos tan rápido.
Como dijo en una broma famosa el difunto Sir Isaiah Berlin, “Los judíos han tenido demasiada historia y muy poca geografía”.
Israel es un país pequeño, de un tamaño aproximado al de New Jersey o Gales, y representa escasamente dos tercios del tamaño de Bélgica. Para ponerlo en contexto, Egipto es aproximadamente cincuenta a veces más grande que Israel, y Arabia Saudita cien.
Y hay más. Hasta la guerra de 1967 por su supervivencia, las fronteras de Israel, que no eran más que las líneas del armisticio de la Guerra de Independencia de 1948, tenían nueve millas en su punto más angosto, cerca de la zona media, y más populosa del país.
Se dice que cuando el Presidente George W. Bush vio por primera vez ese ancho tan angosto desde la posición de ventaja de un helicóptero, dijo, “Algunos caminos de entrada a propiedades en Texas son más largos que el ancho de Israel”.
La topografía también importa.
Cuando las impresionantes Alturas del Golán estaban en manos de Siria antes de la Guerra de los seis días, por ejemplo, los pueblos y granjas judíos que estaban abajo eran el blanco habitual de bombas sirias. Pregúntenle a mi esposa, que era voluntaria en un kibbutz de la zona. Con las Alturas del Golán en manos de Israel, esos pueblos y granjas no tienen que llevar a sus niños apresuradamente a refugios subterráneos.
Segundo, la historia.
Independientemente de los reclamos árabes en contrario, el pueblo judío ha estado ligado a esta región por más de tres mil años. El vínculo entre el pueblo judío y la Tierra de Israel es central para la narrativa histórica. El pueblo judío nació aquí, sus textos sagrados surgieron aquí, sus templos se construyeron aquí, e incluso cuando fue exilado por la fuerza, no dejó de soñar con el retorno. Francamente, se trata de una historia diferente a cualquier otra escrita en los anales de la humanidad.
Leer la Biblia hebrea, especialmente los Salmos, significa encontrarse con Jerusalén y Sión literalmente centenares de veces.
Se debe reconocer el vínculo metafísico y físico entre el pueblo judío y sus manantiales de historia y santidad -de la misma manera en que se reconoce el vínculo entre el Islam y la Meca y Medina.
Tercero, la psicología.
Algunos rechazan la preocupación de Israel por la seguridad considerándola obsesiva. Se preguntan, ¿cómo puede ser que el país con las fuerzas armadas más potentes de la región, se sienta tan asediado, tan amenazado por las armas?
Por ejemplo, el columnista Roger Cohen del New York Times escribió, “El cierre (de un pasado que contiene el espectro insistente de la aniquilación ) significa superar el horror. Es el logro de la normalidad a través de la responsabilidad. No se puede lograr mediante el aumento de amenazas, la perpetuación de los temores, o la retirada a la situación de víctima que ve todo acto, sin importar su violencia, como defensivo”.
¿El “aumento de amenazas”? ¿La ”perpetuación de los temores”? ¿Es todo lo que se puede decir de la situación actual de Israel? Difícilmente.
Si bien Cohen ha buscado asignar un nuevo rol a Irán como un país incomprendido, los israelíes difícilmente comparten su optimismo sobre las intenciones de Teherán.
¿Qué debe hacer un país con los llamados a su destrucción por parte de otra nación que está absolutamente decidida a adquirir las herramientas para lograr su objetivo?
Y cuando la nación amenazada es Israel, sin duda empiezan a sonar las alarmas—y con buena razón.
Después de todo, Israel tiene una historia. También el pueblo judío. Y enseña que están quienes desean hacer daño y lo dicen sin ambages. No se los debe desoír ni minimizar.
Esa historia también enseña que, con demasiada frecuencia, Israel y el pueblo judío han estado mayormente solos frente al peligro. Las promesas y compromisos de ayuda son palabras que en general no se cumplen. Confiar en la buena voluntad de otros ha resultado una propuesta riesgosa.
Por eso, si, Israel tiene todo el derecho, incluso la obligación, de tomar seriamente las ambiciones nucleares de Irán— así como tiene todo el derecho, incluso la obligación, de tomar seriamente los 40.000 misiles del arsenal de Hezbollah en el Líbano y el deseo de Hamas en Gaza de emular el ejemplo de Hezbollah.
¿Se debe hacer caso omiso de las palabras de Hamas y Hezbollah, que claman por la aniquilación de Israel, considerándolas parte de un exceso retórico?
¿Aquellos que han sido el blanco de la destrucción más de una vez, deben suponer simplemente que no habrá nuevos intentos, e irse tranquilos a dormir?
Más aún, ¿acaso Siria es tan buen vecino, con un prístino historial de respeto por los derechos humanos y el imperio de la ley, que Israel se puede dar el lujo de bajar la guardia?
¿La Autoridad Palestina está de parte de Israel simplemente porque está reñida con Hamas--incluso cuando el congreso de Fatah de esta semana reveló nuevamente que este grupo, que se considera la mejor posibilidad de negociación de Israel, es renuente a reconocer el lugar legítimo de Israel en la región?
Y cuarto, el anhelo.
Los sobrevivientes de exilios, pogroms, inquisiciones, calumnias de sangre, guetos, y campos de exterminio no necesitan conferencias que expliquen por qué deberían buscar la "normalidad". Después de todo, ¿acaso no se fundó Israel en gran medida para crear precisamente, por fin, esa nueva condición para los judíos? La normalidad--ni más, ni menos.
Sin embargo, no se plasmó totalmente, al menos hasta ahora.
Los temores están presentes, no porque no se los pueda olvidar, sino porque las amenazas perduran. Y no se puede hacer caso omiso de las amenazas porque el código genético del pueblo judío incluye un sistema anticipado de advertencia, que le dice que el régimen iraní y sus amigos podrían seriamente querer decir aquello que dicen. Y las centrífugas y los cohetes de combustible líquido y sólido podrían tener como blanco a siete millones de israelíes.
Israel no necesita columnas en los periódicos sobre los imperativos de la paz. Necesita socios creíbles, comprometidos a la búsqueda de paz. Cuando los tenga, tal como lo ha demostrado extensamente la historia, Israel hará lo que sea desde la perspectiva territorial, incluso a riesgo de su propia seguridad, para lograr una solución.
Finalmente, los socios de Israel no tienen por qué aceptar su narrativa, así como Israel no tiene por qué aceptar la de ellos.
Y sin embargo a Israel se le pide que reconozca las necesidades de esos socios—necesidades de dignidad, justicia, y respeto. Y es un pedido legítimo para el proceso de resolución de conflictos.
Por ende, ellos a su vez, deben tomar en cuenta el lugar de la geografía, historia, psicología, y anhelo en la visión del mundo de Israel, tal como lo hicieron Anwar Sadat y el rey Hussein, pacifistas ambos, para su perpetuo mérito.
Quizás entonces, en las palabras del profeta judío Isaías, "Una nación no levantará espada contra otra nación, y tampoco los hombres estudiarán más cómo hacer guerra". |