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AJC Interactions: A Monthly Summary of Latino & Jewish News & Issues


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Usemos la Diplomacia por Encima de las Protestas Públicas
 

Washington, DC – 5 de enero de 2008 – Las peligrosas extravagancias del Presidente de Venezuela Hugo Chávez, su alianza con Irán, su abierta hostilidad hacia Estados Unidos, y una serie de incidentes antisemitas han generado gran preocupación respecto del destino de la pequeña comunidad judía de esta nación sudamericana rica en petróleo.

¿Cuál es la mejor manera en que nosotros, la comunidad judía estadounidense, podemos ser de ayuda, sin perder de vista los intereses de la comunidad local? La situación es extremadamente delicada. Los judíos estadounidenses no pueden suponer que saben más que los líderes judíos de Venezuela sobre la situación que éstos enfrentan a diario, y cual es la mejor manera de responder. Gritar y vociferar desde la seguridad de EE.UU. puede parecerles bien a algunos, pero el objetivo del ejercicio no es satisfacer sus necesidades, sino garantizar la seguridad y bienestar de miles de judíos venezolanos que han afirmado repetidamente que tal conducta probablemente exacerbe la situación.

Como profesional del American Jewish Committee (AJC), he visitado Caracas cuatro veces en los últimos tres años, la última en marzo de 2007. Mi organización regularmente recibe a los líderes de la Confederación de Asociaciones Israelitas de Venezuela (CAIV), brazo representativo de la colectividad judía local e institución hermana de AJC, y estamos en contacto casi a diario.

El alto sentido de vulnerabilidad de los judíos de Venezuela es el resultado, fundamentalmente, de dos escandalosos allanamientos por parte de la policía, en 2004 y 2007, a Hebraica, el complejo que alberga el centro comunitario y la escuela de la comunidad judía, y de comentarios antisemitas incendiarios en los principales medios.

Los judíos venezolanos son quienes por supuesto deben decidir si desean permanecer en el país que ha sido su hogar durante varias generaciones. Tienen plena conciencia que cuentan con el fuerte apoyo, no sólo de las mayores organizaciones judías estadounidenses, sino también del gobierno de EE.UU. e importantes vecinos de Sudamérica, a saber la Presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner. El año pasado, la entonces senadora y Primera Dama Kirchner viajó a Caracas para fungir como oradora central en la celebración del 40º Aniversario de CAIV. Sus palabras de apoyo fueron absolutamente claras. Con la asistencia de diplomáticos de numerosas naciones, y líderes judíos de EE.UU. y América Latina, incluyendo el AJC que envió una delegación solidaria de nueve miembros, el evento envió un mensaje contundente al gobierno de Chávez.

Con miras al futuro, la mejor ayuda que pueden brindar los judíos estadounidenses, además de contribuir a mantener la vida judía en Venezuela y toda América Latina, es apoyar los esfuerzos tendientes a fortalecer las características democráticas y pluralistas de estas sociedades. En diciembre, significativamente, más de 30 líderes de 14 comunidades latinoamericanas, incluyendo Venezuela, se reunieron en Miami para participar en un taller de tres días sobre cabildeo político, organizado por el AJC.

El ascenso de Chávez al poder se produjo debido a las profundas desigualdades socio-económicas y a la corrupción imperantes. Muchos funcionarios estadounidenses con poder de decisión han arribado a la conclusión, correcta pero tardía, de que se debe evitar la confrontación pública con este régimen. En realidad, sólo sirve para fortalecer el puño de Chávez. Por ende, sin cambiar su actitud fundamental, Washington ha adoptado recientemente una estrategia de diplomacia discreta e incluso de acercamiento parcial a uno de los mayores proveedores de petróleo de EE.UU. –incidentalmente otro recordatorio de las peligrosas consecuencias de la dependencia de nuestro país del petróleo proveniente de fuentes hostiles.    

Este debería ser también el enfoque de la comunidad judía estadounidense. Permanecer en estrecho contacto con CAIV, instar al gobierno venezolano a respetar los derechos constitucionales de la comunidad judía, y compartir nuestras preocupaciones con el Departamento de Estado, el Congreso y la Organización de Estados Americanos, y los gobiernos amistosos de la región que ven con inquietud toda agresión contra los judíos. Y precisamente esto es lo que hemos estado haciendo. A Chávez puede o no interesarle lo que piensan EE.UU. y los grupos judíos estadounidenses, pero no puede ignorar fácilmente la preocupación de los países claves de su región y otros que revisten importancia para su régimen.

Al mismo tiempo, los estadounidenses, incluyendo la comunidad judía, se deben centrar en presionar a su gobierno para que apoye los esfuerzos más intensos por reducir la pobreza y desigualdad endémica de nuestro hemisferio. Este sería un antídoto de largo plazo contra Chávez y contra otros potenciales líderes populistas en la región, que se alimentan de las claras y amplias desigualdades existentes en las sociedades latinoamericanas. Sorprendentemente, cada vez más comunidades judías de América Latina reconocen la necesidad de unirse en estos esfuerzos si deseamos que el futuro sea promisorio para todos.

Entretanto, la comunidad judía de Venezuela sabe que no está sola. Ha recibido apoyo de diversos sectores, tanto judíos como no judíos, gubernamentales y de otra índole. Debemos mantener el apoyo y la solidaridad. Nosotros nos aseguraremos de que así sea.

Dina Siegel Vann, oriunda de la ciudad de México, es directora del Instituto Latino y Latinoamericano del American Jewish Committee, con sede en Washington, DC