| Leí con consternación el artículo que publicó el New York Times el 22 de enero.
No, no tenía que ver con el diario. No se trataba de una foto mal elegida, un titular desorientador, o una falta de equilibrio o contexto. En lugar de eso, se refería a una historia más que familiar sobre la que se informaba - el instinto judío de auto destructividad.
Titulado "Para los israelíes, sentimientos encontrados sobre los esfuerzos de ayuda", y refiriéndose a la respuesta ante el terremoto de Haití, el artículo se resume mejor en el siguiente extracto.
" Pero los israelíes han estado observando con distintas emociones, como si el esfuerzo de asistencia a los haitianos fuera un test de Rorschach a través del cual se examina la nación. La izquierda siempre se ha quejado de que no hay razón para viajar miles de millas a ayudar a los necesitados –Gaza está a sólo una hora de distancia. La derecha ha argumentado que aquellos que acusan a Israel de inhumanidad deberían tomar nota de sus esfuerzos generosos y logros en Haití".
Perdónenme, pero es una locura.
Israel respondió magníficamente a la inmensa tragedia que se desarrolla en Haití. Tanto los sectores del gobierno como los no gubernamentales estuvieron en la escena casi de inmediato. El hospital de campaña israelí, según todos los relatos, rápidamente se convirtió en la unidad médica más sofisticada del país. Los haitianos agradecidos incluso empezaron a nombrar a los niños allí nacidos "Israel". Los equipos israelíes de rescate y asistencia encontraron sobrevivientes entre los escombros y los devolvieron a la vida. Otras unidades israelíes están brindando una serie de servicios básicos a una población cuyas necesidades superan todo lo imaginable.
El esfuerzo israelí supera holgadamente el diminuto tamaño de la nación y empequeñece la respuesta de muchos países más grandes. Por supuesto, algunos países, particularmente del mundo árabe, vergonzosamente se cruzaron de brazos, sin hacer nada ante tal calamidad.
Los cínicos sugerirían que Israel tenía algún interés definido y obtenía un beneficio específico de la ayuda, pero no es así, salvo su deseo de aliviar el sufrimiento. Haití es el país más pobre del hemisferio occidental, su historial de votos en temas relacionados con Israel en la ONU no es para ufanarse, y la comunidad judía de la isla es infinitesimal en tamaño.
El rol de Israel en Haití debería ser una fuente de orgullo nacional, no el disparador de un "test de Rorschach".
En realidad, la rápida acción de Israel en Haití no es algo nuevo.
Existe un extenso y enorgullecedor registro de las respuestas de Israel a las crisis humanitarias internacionales, que refleja los valores centrales del estado.
Visité un pueblo entero prefabricado que Israel construyó en Turquía después que un devastador terremoto destruyó miles de hogares en 1999.
Vi el hospital de campaña israelí en Macedonia, armado para ayudar a los refugiados musulmanes del vecino Kosovo, arrojados de su país por la campaña de limpieza étnica de Slobodan Milosevic.
Recuerdo el ofrecimiento de Israel de asistir a Irán –sí, a Irán— después que un poderoso terremoto afectó a Bam en 2003 donde murieron más de 25.000 personas. Teherán rechazó el ofrecimiento, presumiblemente prefiriendo que algunos de sus ciudadanos murieran en lugar de ser rescatados por israelíes.
La lista de esfuerzos de Israel por salvar vidas es extensa, a veces en países con los que no tenía vínculos diplomáticos formales y donde sus iniciativas, bienvenidas por la nación acosada, debían no obstante quedar ocultas.
Más aún, poco países reaccionan con tanta rapidez y coherencia como Israel cuando se trata de movilizar respuestas de emergencia con muy poca anticipación. Los voluntarios arriban a la escena sin fanfarrias, se ponen a trabajar inmediatamente, y demuestran a ultranza su profesionalismo y coraje.
Y sin embargo, según el artículo del Times, todo esto, al menos para unos pocos israelíes, carece finalmente de significado como fuente de orgullo nacional. En lugar de eso, la prueba de fuego para Israel debe ser Gaza.
Es aquí cuando el auto análisis se transforma en el instinto de autodestrucción.
Gaza se ha declarado un estado enemigo. Está gobernado por Hamas, cuya meta es la aniquilación de Israel. El antisemitismo avanza desenfrenado en toda la Carta de Hamas y en las declaraciones de sus voceros que hielan la sangre. El contrabando de armas cada vez más letales a Gaza es una prioridad principal. Irán es el estado que más patrocina a Gaza.
Por supuesto, no tenía por qué haber sido así. En 2005, con gran costo político, el Primer Ministro Ariel Sharon retiró todos los soldados y colonos israelíes de Gaza. La desocupación unilateral ofreció a los residentes locales su primera oportunidad en la historia de autogobernarse. Más aún, donantes judíos, como gesto de paz y reconciliación, compraron los invernaderos construidos por los israelíes en Gaza y se los regalaron a la Autoridad Palestina, para que se convirtieran en los nuevos cimientos de su desarrollo económico y social.
Era parte del interés vital nacional de Israel que Gaza prosperara como sociedad comprometida con la construcción y la convivencia.
Desgraciadamente, no habría de ocurrir. Hamas derrocó a la AP y ocupó el poder en una sangrienta guerra civil. El breve reingreso de Israel a Gaza en diciembre de 2009 fue el resultado inevitable de provocaciones diarias que ninguna nación soberana podría haber soportado mucho tiempo.
Y sin embargo hoy, extrañamente, parece haber una convergencia conveniente entre una consumada "cultura de culpabilización" y por lo menos algunos representantes notables de una consumada “cultura de culpabilidad”.
Mientras los líderes de Gaza notablemente niegan toda responsabilidad y culpan a los demás, no a sí mismos, por las desgracias que afectan a su país, según el Times, algunos en el vecino Israel se angustian por la supuesta responsabilidad de Israel en las tribulaciones de Gaza.
Uno podría argumentar que este es un elocuente testimonio de su reflejo ético, su deseo de curar el mundo de Gaza. Eso podría ser loable pero por el mero hecho de que Gaza está en guerra con Israel resulta una propuesta aparentemente obvia para todos excepto para los israelíes cegados por su propia, auto generada "culpa", que les impide enfrentar la realidad y a quienes en última instancia son responsables por los hechos concretos.
Si las circunstancias fueran diferentes, ¿ofrecerían los israelíes ayuda a Gaza como lo han hecho con Haití, Turquía, los Balcanes, y otros sitios? No tengo duda. En realidad, Israel seguramente haría mucho más, dada la proximidad y los intereses.
Mientras tanto, no hace falta un auto examen nacional. En lugar de ello, Israel debería sentirse inmensamente orgulloso de su rol en Haití –y lo que revela sobre el carácter nacional. Como amigo de Israel, yo ciertamente lo estoy.
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Date: 1/24/2010
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