Para algunos analistas israelíes, nuevas tensiones en las relaciones entre Estados Unidos e Israel en 2009 sacudieron la confianza en esta prolongada alianza. Se deben al efecto acumulativo de varios factores: traspiés del gobierno firmemente pro-israelí de Bush que tuvieron el efecto de fortalecer a Hamas y, con la decapitación de Irak, a la República Islámica de Irán; la crisis económica que generó distracciones políticas en Washington y revelaciones de que Estados Unidos depende más de China para financiar su crecimiento y recuperación; y, lo más inmediato, la manera en que el gobierno de Obama se relaciona con los aliados de larga data de Estados Unidos –no sólo Israel. Esto ha generado una especie de neurosis de guerra en la búsqueda israelí de alternativas a la alianza.
Ciertamente ha sido un año difícil para ser aliado de Estados Unidos. La postura del gobierno de Obama y, claramente, la propia disposición del Presidente tienden hacia análisis a veces desapasionados de los intereses de Estados Unidos. No se pueden asumir respuestas impulsivas a la provocación y la defensa reflexiva de las políticas de las naciones aliadas.
En cierta medida este gobierno respeta una honorable tradición norteamericana que data de la época del presidente Wilson: que Estados Unidos se debe mantener alejado de la discusión para poder constituirse en un gran exponente de la justicia y la paz internacionales. Pero inquietos comentadores israelíes ven a Washington manteniendo esta postura a ultranza, acercándose a los enemigos declarados de Estados Unidos --hasta ahora con magros resultados. El señor Obama y su equipo han proyectado la creencia que las relaciones exteriores --con Irán por ejemplo, o Sudán-- no tienen que ser un todo o nada, para que todos en general puedan resultar ganadores. Conscientemente o no, los hacedores de política muchas veces hablan de manera neutral, como si estuvieran arbitrando el juego de las relaciones internacionales.
Los aliados pueden no considerar esto como la labor de un árbitro, sino como el debilitamiento de vínculos que plantea cuestiones de confiabilidad. Algunos países estrechamente relacionados con Estados Unidos han tenido que adaptarse este año a nuevas señales de Washington.
Para quienes piensan con inquietud en el largo plazo, surgen preguntas: ¿acaso la política exterior de Estados Unidos es lo suficientemente coherente y confiable para que los aliados la tomen como base para garantizar su seguridad futura? ¿Estados Unidos seguirá teniendo fuerza suficiente para proteger a sus amigos? Estas dudas se murmuran en los corredores del poder en Israel, y presumiblemente en otros sitios. Algunos creen que las potencias mundiales del mañana son india y China, y que las alianzas se deben construir con ellas.
Es apropiada una ducha fría para quienes se agitan demasiado con estas ideas. Si bien las buenas relaciones con los poderes que surgen en Asia y la letárgica Unión Europea son sin duda un objetivo importante, Estados Unidos sigue siendo dominante, y continuará siéndolo en el futuro inmediato. Mirando más allá de la adversidad actual, ningún país puede igualar las ventajas fundamentales de Estados Unidos. Es un centro neurálgico demográfico, cuya población aumentará en 100 millones para mediados de siglo, contrastando notablemente con la disminución poblacional prevista para virtualmente todas las demás potencias industriales. A semejanza de los países en crecimiento del tercer mundo, más de esos norteamericanos serán jóvenes, altamente productivos y más trabajadores que en casi cualquier otra nación industrializada. Actualmente, trabajan aproximadamente 300 horas más por año que sus contrapartes de la Unión Europea, lo que probablemente seguirá así. Se asemejan a los israelíes, porque tienen más visión empresarial, son más innovadores en tecnología, y están más dispuestos a aceptar riesgos.
El parloteo exagerado sobre el colapso del capitalismo norteamericano olvida su elevado poder de adaptación. El sistema económico norteamericano ha demostrado repetidamente su capacidad de responder a sus déficits estructurales, creando mecanismos para reparar los daños generados por sus errores. El New Deal por dar sólo un ejemplo, no introdujo el socialismo, sino que reformó y rejuveneció el capitalismo norteamericano. Y ya se están viendo las acciones norteamericanas para dar lugar a las reformas y reformular el sistema a fin de que continúe promoviendo la creatividad y productividad norteamericanas.
Desde la perspectiva judía, Estados Unidos continuará albergando una comunidad judía que constituye 70% de la diáspora y aporta la parte del león de su creatividad cultural. Además, el apoyo básico a Israel por parte de la población general es una de las pocas realidades estables de la política interna norteamericana, que trasciende los partidos y líneas étnicas. Estados Unidos sigue siendo una potencia cuyos valores fundamentales, instintos morales y tradiciones democráticas resuenan profundamente en los israelíes. La respuesta a los errantes analistas es que ninguna alianza con otra potencia podría estar tan arraigada o ser tan dinámica como la conexión con Estados Unidos.
Mirando retrospectivamente al 2009, también debemos recordar que junto con situaciones diplomáticas tensas, Estados Unidos ha hecho todo lo posible para trabajar con Israel y reforzar su postura militar a la luz de la amenaza iraní, incluyendo el tamaño nunca visto de las maniobras conjuntas Juniper Cobra y amplias consultas. En realidad, apoyándose en esta cooperación sin paralelo en el campo de la seguridad, quizás Israel, para lograr la paz y adquirir seguridad confiable, no debería alejarse de Estados Unidos, sino todo lo contrario: tratar de llevar esa alianza aún informal a un nivel superior a través de un tratado formal que colocaría a Israel bajo la tutela nuclear y de seguridad de Estados Unidos.
De hecho, dada la inmutabilidad de la geografía física de la Tierra de Israel, se podría decir que sólo una alianza más profunda con Estados Unidos, con sus resultantes garantías y compromisos, puede convertir los contornos de otro modo indefendibles de Israel en las "fronteras seguras" previstas por la Resolución 242 de la ONU.
Date: 12/24/2009
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