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AJC Interactions: A Monthly Summary of Latino & Jewish News & Issues


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Estimado Presidente Lula
 

Estimado Presidente Lula:

¿Por qué?

¿Por qué un líder mundial tan respetado habría de recibir el seis de mayo en Brasilia a un marginado social internacional como el presidente iraní Ahmadinejad?

¿Por qué habría de conferir su considerable legitimidad internacional a tal individuo - sólo pocas semanas después de que docenas de naciones se retiraron en señal de protesta durante el discurso lleno de odio de Ahmadinejad en los salones de Naciones Unidas en Ginebra?

¿Por qué su nación, que ha condenado admirablemente las armas nucleares, habría de buscar mayores vínculos con Irán, que sin duda alguna aspira a adquirir capacidad de armas nucleares – y los medios para lanzarlas?

¿Por qué Brasil, miembro activo y admirado de organizaciones internacionales, habría de continuar su intercambio comercial habitual con Irán, que ha hecho caso omiso de resoluciones vinculantes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre su programa nuclear, y ha sido criticado por el Organismo Internacional de Energía Atómica por su falta de cooperación?

¿Por qué un país que ama la paz, como Brasil, habría de suscribir un régimen que ha sido la fuerza impulsora de conflicto e inestabilidad en Medio Oriente y más allá?

¿Por qué Brasil recibiría a un líder iraní que está creando cabezas de playa estratégicas en América Latina - desde Venezuela a Nicaragua y a Bolivia - que aumentan el espectro de creciente violencia y terrorismo regional?

¿Por qué su nación, el segundo país del hemisferio occidental en abolir la pena capital, querría establecer vínculos con un régimen que ha usado la pena de muerte ilimitadamente, aplicándola incluso a menores? Irán ejecuta niños a pesar de ser parte del Pacto Internacional de Derechos civiles y políticos y de la Convención sobre los derechos del niño, y ambas proscriben la pena de muerte para los delitos cometidos por menores de 18 años. Incidentalmente, en Irán los delitos punibles con la muerte incluyen, créase o no, el adulterio y la homosexualidad.

 

¿Por qué Brasil habría de dar la bienvenida al líder de una nación implicada directamente en el asesinato de 85 personas en el atentado terrorista de 1994 contra Argentina, un país limítrofe, y que además ha rehusado firmemente entregar a los cinco ciudadanos iraníes buscados por Interpol por crímenes de lesa humanidad?


¿Por qué Brasil, hogar de una de las comunidades Baha’i más numerosas y vibrantes del mundo, estimada en 55.000 miembros y distribuida por todo el país, recibiría al líder de un régimen que ha perseguido implacablemente a su propia comunidad Baha’i?

¿Por qué Brasil, donde muchos sobrevivientes del Holocausto encontraron una nueva vida, abriría sus puertas al principal negador mundial del Holocausto?

 

¿Por qué Brasil, que ha mantenido relaciones bilaterales de larga data con Israel, recibiría a un líder iraní que repetidamente insta a un mundo sin Israel?

 

¿Por qué Brasil, conocido mundialmente por su apertura, pluralismo, y espíritu de respeto mutuo, hogar de la segunda comunidad judía más numerosa de América Latina, haría causa común con un régimen que sólo se puede describir como la antítesis de estos dignos valores?


¿Por qué Brasil, una democracia plena, querría estrechar vínculos con un régimen que encarcela a disidentes, periodistas independientes, y activistas por los derechos de la mujer?

 

¿Por qué usted, Presidente Lula, ex dirigente sindical en un país donde los sindicatos son parte integral del tejido social, se sentaría con el líder de una nación que no ha sido benévolo con quienes aspiran al puesto que usted ocupaba? Como alguien que hace años estuvo en prisión por participar en actividades sindicales, ¿no debería ubicarse junto a quienes en Irán pretenden los mismos derechos que usted ayudó a obtener en Brasil, y no con aquellos que los suprimen?

 

Señor Presidente, hoy Brasil es una voz influyente en el escenario internacional. En ese espíritu, su país frecuentemente habla de la necesidad de un nuevo orden global, que tome más en cuenta las aspiraciones de países que han sido excluidos de la toma de decisiones internacionales hasta la fecha. Tal punto de vista es comprensible.
 
¿Acaso no se debería tomar también en cuenta otro factor no menos importante?

Irán lo quiere todo.

Desea alardear sobre sus crecientes lazos con países respetados como Brasil y resaltar la bienvenida que reciben sus líderes en capitales clave. Al hacerlo, también reivindica su propia construcción de un nuevo orden global.

Pero, en el fondo, el orden global que avizora Irán contradice las creencias y valores fundacionales de países como Brasil.

Irán valora el despotismo, no la democracia; la confrontación, no la cooperación; la represión, no los derechos, el fundamentalismo, no la libertad, y el medievalismo, no la modernidad

Por ende, si bien tanto usted como Ahmadinejad pueden decir que buscan un nuevo orden mundial, ¿sus visiones no son totalmente opuestas?

¿Y acaso no está usted premiando inevitablemente a un régimen y su líder, cuya conducta en realidad amerita el ostracismo?

Si nos ceñimos a la verdad, una cálida recepción a Ahmadinejad en Brasilia dificulta aún más la tarea de quienes pretenden persuadir a Irán de la necesidad de cambiar su peligroso rumbo.

Por eso, para muchos amigos de Brasil, el 6 de mayo es una fecha dolorosa.

Pensar en Brasil como anfitrión del presidente iraní - un individuo culpable de incitación al genocidio, a la violación de derechos humanos, a la negación del Holocausto, y de brindar apoyo al terrorismo asesino - para mantener conversaciones amigables sobre cómo incrementar sus vínculos, francamente está más allá de toda comprensión.

¡Qué día tan triste, Presidente Lula!

Date: 5/4/2009