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En un editorial reciente, Jewish Week de Nueva York aplaudió al gobierno de Obama por hacer "lo correcto" y retirarse del proceso de Durban II de una manera que podría aportar a nuestro país "nueva influencia en la lucha contra el sesgo predominantemente anti-israelí del escenario internacional".
Además, el editorial reprendió a quienes "han insistido desde el principio en que Obama alberga animosidad contra el estado judío, y para probar esta afirmación se han abalanzado sobre todo pronunciamiento o rumor vertido". El editorial además señaló "un elemento de partidismo claro en la reacción".
El AJC ha sido receptor de algunos de estos ataques injuriosos. ¿Por qué? Porque comprendimos que, habiendo trasladado la decisión sobre Durban II del gobierno de Bush al de Obama, el nuevo equipo necesariamente evaluaría el proceso antes de tomar la decisión final sobre el rol de Estados Unidos.
Cuando el mes pasado se envió a Ginebra una delegación oficial de Estados Unidos, de cinco miembros, a recopilar un conjunto de recomendaciones, Felice Gaer de AJC fue una de las participantes. El grupo mantuvo más de 30 reuniones con embajadores clave y dejó absolutamente en claro que cualquier referencia a Israel en el documento definitivo resultaría inaceptable para Estados Unidos.
El viaje mismo, sin embargo, dio pie a un coro de críticos, liderado por los escritores Carolina Glick en Israel, Anne Bayefsky en Estados Unidos, y Melanie Phillips en Gran Bretaña.
Su retórica sorprendentemente inflamada, quizás producto de lo que se podría llamar el delirio de Durban, puede resultar atractiva para sus lectores devotos, pero no cumple otro propósito.
Nos guste o no, son los funcionarios electos y los empleados públicos de capitales de todo el mundo quienes toman las decisiones sobre Durban II. Las diatribas verbales y las andanadas fulminantes, en cierta medida pueden estimular un sentimiento superficial de satisfacción, pero si queremos alentar a naciones potencialmente comprensivas a hacer lo correcto, su impacto en la vida real es cuestionable.
A continuación una muestra de lo que escribieron los columnistas.
Phillips afirmó en Spectator: "Habiendo ayudado a este hombre a llegar al poder, el AJC se dedica ahora a observar como Obama otorga legitimidad y fortaleza a quienes desean destruir el estado judío y el mundo libre – fingiendo ante sí mismos que están ayudando a atenuar el daño (de Durban II)
A modo de aclaración, el AJC es un organismo estrictamente apartidario. Siempre lo ha sido y siempre lo será. Así como el equipo de Obama ofreció a un colega la tarea en Ginebra, el equipo de Bush me invitó en su momento a participar en la delegación oficial de Estados Unidos a Durban I, que por supuesto terminó retirándose encomiablemente de ese festival de odio.
En un artículo en el Jerusalem Post, Glick afirmó: “Felice Gaer, una integrante con gran experiencia del AJC es miembro de la delegación de EE.UU. a Ginebra. Guarecida alegremente en la sala de conferencias de Suiza donde se niega el Holocausto, se vilipendia el derecho del pueblo judío a la autodeterminación, y se rechaza el derecho de Israel a defenderse, Gaer permanece sentada en silencio, mencionando todo el tiempo su inclusión en la delegación de Estados Unidos como prueba de la seriedad del gobierno de Obama en cuanto a proteger a Israel en Durban II. Independientemente de lo que el AJC pueda haber obtenido por su apoyo a Durban II, Israel y sus seguidores han resultado claramente afectados".
Sugerir que Felice y los demás miembros de la delegación estadounidense permanecieron "guarecidos alegremente" durante las reuniones de Ginebra es simplemente absurdo, por no decir despreciable. En realidad, fueron de sesión en sesión aclarando a los diplomáticos, cara a cara, que la demonización habitual de Israel y el pueblo judío es totalmente inaceptable. Punto final.
(Por cierto, el AJC presidió la exitosa campaña global para apoyar a la profesora Deborah Lipstadt de Emory University en la vergonzosa y extensa causa por calumnias iniciada en su contra en un tribunal británico por el negador del holocausto David Irving. Y luego se habla de tolerar la negación del Holocausto).
Tanto Phillips como Glick citaron a Anne Bayefsky en sus escritos.
Mientras tanto, ella insistía en Forbes que la estrategia de Estados Unidos respecto de Durban II es "dolorosamente obvia – demorar la consideración de su asistencia a la conferencia del 20 de abril hasta que sea demasiado tarde, cuando no participar afectaría más las relaciones multilaterales que simplemente tomar asiento.. Las tácticas dilatorias son indefendibles".
Epa! Una semana después del regreso del grupo, el gobierno de Obama anunció su alejamiento del proceso - difícilmente una estrategia para "demorar la decisión".
En otro traspié, Glck predijo con firmeza: "Como Bayefsky y otros expusieron esta semana, al participar en el proceso preparatorio de Durban, Estados Unidos ha... hecho casi imposible que estados europeos como Francia, Gran Bretaña, República Checa, y los Países Bajos, que estaban considerando boicotear la conferencia, lo hagan".
En la semana siguiente, Italia siguió los pasos de EE.UU., y a juzgar por comentarios recientes, otros podrían imitarlos.
En resumen, en su abordaje sin-pensar-en-las-consecuencias a Durban II, tres observadores reconocidos se equivocaron.
Despiadadamente atacaron a quienes osaron estar en desacuerdo con sus tácticas, irresponsablemente cuestionaron las razones, profetizaron equivocadamente la posición de EE.UU., y no vieron que hay más posibilidades –y no menos- de que las naciones europeas no participen, gracias a la estrategia de EE.UU.
Diría que tomar tan descarada y ciegamente una postura partidaria, y acusar de manera irresponsable y maliciosa a grupos como el AJC de fraternizar con negadores del Holocausto y dañar premeditadamente a Israel, es un delirio absoluto.
Date: 3/15/2009
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