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AJC Interactions: A Monthly Summary of Latino & Jewish News & Issues


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Tomemos con toda seriedad los pronunciamientos de Hamas
 

Hay un cuento de la madre decidida a que su hijo de cinco años algún día estudie en una universidad de primer nivel. Decidió enseñarle nuevas palabras de vocabulario en toda ocasión. Un día, cuando el pequeño Carlitos llegó a casa de la escuela, su madre rápidamente le preguntó, “Carlitos, ¿cuál es la diferencia entre ignorancia e indiferencia”? Sin demostrar ningún interés, se encogió de hombros y murmuró, “No se y no me importa”.

A veces, ese es el sentido que percibo en la respuesta de hoy a Hamas.

Pareciera que existe una ignorancia –quizás ignorancia intencionada, quizás pereza intelectual- sobre lo que significa realmente Hamas, que gobierna Gaza.  No, no se trata simplemente de otro partido político de algún sitio alejado, sino de algo mucho más siniestro.

Hamas se creó en 1988. Su objetivo declarado es la destrucción de Israel y su reemplazo por un Estado islámico. Dejemos que su pacto hable por sí mismo. “Israel, por ser judío y tener población judía, desafía al Islam y a los musulmanes. No permitamos que los ojos de los cobardes se adormezcan”. Otro pasaje revelador: “No llegará la hora hasta que los musulmanes peleen contra los judíos (y los maten), hasta que los judíos se oculten detrás de piedras y árboles, que gritarán. “Mira musulmán! Hay un judío escondido aquí atrás, ven y mátalo!”

Veinte años después, el pacto permanece inalterado. Hamas, clasificado como grupo terrorista por Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá, y Japón, sigue fiel a su misión. Como Hamas ha aseverado en repetidas declaraciones públicas, “Palestina es un suelo árabe islámico, desde el río hasta el mar, incluyendo Jerusalén. No hay lugar en él para los judíos”.

Concebir a Hamas como un grupo que lucha sólo para que Israel retroceda a la línea de 1967 –o considerarlo socio creíble de una negociación- implica llevar la credulidad a su máxima expresión. Recordemos que cuando Hamas insta a poner fin a la “ ocupación”, considera como ocupada a la totalidad de Israel, no sólo los territorios adquiridos en la guerra de autodefensa de 1967. 

Y luego está la indiferencia, como si el conflicto Israel –Hamas no fuera nada más que una versión de Medio Oriente de la controversia Hatfield-McCoy. Algo así como el concepto de que las partes siempre han estado peleando, siempre seguirán peleando y nadie comprende realmente (ni le importa) por qué pelean.

El conflicto no tiene que ver con inercia, mucho menos con simetría, igual responsabilidad, o el antiséptico “ciclo de violencia”. 

En lugar de eso, se trata de un conflicto con implicancias regionales y globales. Una nación que apuesta a la democracia, el pluralismo y la paz, mal se puede permitir que Hamas logre legitimidad, y mucho menos que alcance el éxito. 

La visión del mundo de Hamas se extiende mucho más allá de Israel y los judíos. En sus propias palabras, busca la dominación islámica global, la restauración del Califato transnacional, rechaza los valores occidentales, y repudia los derechos humanos básicos. Aspira a la “destrucción total” de Estados Unidos. Sus aliados más cercanos son Irán, Siria y Hezbollah.  

Pregunten a los periodistas sobre el compromiso de Hamas con la libertad de prensa desde que accedió al poder. Pregunten a la diminuta comunidad cristiana de Gaza cómo es su vida bajo el gobierno islámico radical. Pregunten a las mujeres cuánta libertad tienen, salvo para producir hijos para la “causa”, como estipula el Pacto de Hamas. Pregunten a los homosexuales qué derechos tienen. Pregunten a los partidarios de Fatah, que fueron golpeados y torturados en el violento acceso al poder de Hamas en 2007, cuanta latitud tienen. La ignorancia y la indiferencia pueden ser válvulas de escape tentadoras, pero de ninguna manera resuelven el problema.

Israel enfrenta hoy una situación absolutamente singular. 

Limita con una entidad canalla liderada por un grupo que abiertamente insta a su destrucción, que adquiere armas cada vez más avanzadas, que arrogantemente usa a los civiles, incluyendo niños, como escudos humanos, y celebra la muerte y destrucción en Israel. Israel es una nación democrática que ha declarado repetidamente su compromiso hacia un acuerdo de dos estados con los palestinos, que tiene gran interés en una Gaza estable y próspera, y hace esfuerzos sin precedentes por evitar muertes de civiles. ¿Cuándo otra nación en guerra ha contactado a los civiles del otro bando anticipadamente para advertirles sobre futuros ataques? ¿Cuándo otra nación en guerra ha exportado ayuda humanitaria a través de su frontera para asistir a quienes están del otro lado?. ¿Cuándo otra nación en guerra ha continuado admitiendo a sus hospitales a las personas del bando contrario que necesitan asistencia médica? Israel está haciendo todo esto.

Estas acciones hablan de los afianzados valores de Israel como sociedad democrática. Hablan de su deseo de diferenciar entre Hamas, el enemigo jurado, y el pueblo de Gaza. Y nos recuerda que el resultado de este conflicto tendrá profundas repercusiones para la región y el mundo. 

David A. Harris es director ejecutivo del American Jewish Committee.

Date: 1/5/2009