Palabras de por Aniversario del Atentado a AMIA

Robert Goodkind

Doce Años y aún sin Respuesta: El Impacto del Atentado a la AMIA Sobre la Comunidad Internacional

 

18 de julio de 2006

Washington, DC

Queridos amigos:

Hoy estamos reunidos aquí no sólo para recordar un suceso atroz que ocurrió hace doce años sino para reflexionar juntos sobre sus implicancias para el mundo judío y la comunidad internacional. Zajor, recuerda... a través de los siglos los judíos han confiado en su memoria colectiva para sobrevivir. A través de la práctica permanente de este mandamiento, recordamos y reconstruimos lo dulce y lo amargo mientras señalamos el rumbo hacia el futuro.

El atentado a la AMIA, el peor ataque antisemita desde la segunda guerra mundial, tiene una importancia especial para el American Jewish Committee y para mí en lo personal. El AJC tiene una historia extensa y fructífera de compromiso con Argentina que se extiende a lo largo de cinco décadas. Desde los primeros momentos del atentado, ha estado al lado de AMIA, de Memoria Activa que representa a los familiares y amigos de las víctimas, y de los judíos de Argentina. Ha desempeñado un rol de liderazgo al mantener viva la memoria del atentado en el tribunal de la opinión pública, e instar a los sucesivos gobiernos a promover la causa de la justicia.

Sólo unos pocos días después del atentado, funcionarios del AJC ya se habían hecho presentes tratando de obtener información de primera mano sobre los detalles del atentado y comprometiendo nuestra ayuda. Como resultado del generoso apoyo de nuestros miembros pudimos aportar a los esfuerzos de reconstrucción de AMIA, a sus programas y al trabajo de Memoria Activa. Nuestra voz se ha hecho oír consistentemente en Argentina, Estados Unidos o dondequiera hayamos podido elevarla para expresar nuestra profunda preocupación por la falta  de resolución de esta causa. Hemos seguido de cerca las novedades, publicado un informe anual sobre el estado de las investigaciones, y expresado nuestro placer o descontento con el curso que las mismas siguieron. Tuvimos el honor de contar entre nosotros en Washington al Presidente Néstor Kirchner para la Cena Anual de 2004, en el décimo aniversario del atentado. Reiteró en esa ocasión ante líderes de más de 50 comunidades judías del mundo su intención de resolver el caso, y expresó su vergüenza porque la justicia seguía siendo una asignatura pendiente.

Personalmente encabecé delegaciones del AJC a Buenos Aires para el 9º y 10º aniversario del atentado y, en ambas ocasiones me reuní con el Presidente Kirchner, otros miembros del gobierno, y sumamente conmovedor, con familiares de las víctimas. Son los recuerdos del dolor persistente de estas familias los que aún acosan mi mente –siguen desolados, se sienten abandonados, y están enojados porque no se ha castigado a los culpables del atentado. Nunca olvidaré la noche del 17 de julio de 2004, cuando estuvimos parados en la plaza frente a los tribunales con los miembros de Memoria Activa mientras sonaban 10 shofarim, cuernos de carnero usados en las Altas Fiestas judías, para ayudar a abrir las puertas del cielo para que ingresen las plegarias, o marchando en silencio con antorchas encendidas con cientos de argentinos, judíos y no judíos por igual, la noche anterior al décimo aniversario, hacia el nuevo edificio de AMIA, para insistir con la búsqueda de justicia, o parado al lado de miles de personas durante las ceremonias de conmemoración en las mañanas de los aniversarios, en señal de solidaridad con las víctimas, sus familias y la gente de Argentina por su pérdida –nuestra pérdida.

El evento de hoy cierra un simposio auspiciado por AMIA en Argentina que comenzó hace un mes con el objeto de convocar a figuras públicas a reflexionar sobre las implicancias del atentado sobre la cara actual de la sociedad argentina, desde la práctica de la justicia a la situación de los derechos humanos. Como socio internacional de AMIA, creemos que resulta apropiado que AJC contribuya a esta reflexión ayudando a centrarse en el impacto del atentado sobre los judíos del mundo y la comunidad internacional en general.

El atentado llegó después del aún no resuelto ataque de 1992 contra la Embajada de Israel en Buenos Aires. Ambos ataques terroristas se pueden considerar precedentes del 11 de septiembre ya que fueron cometidos por organizaciones terroristas mundiales con el apoyo de Irán y Siria.

Permítanme compartir con ustedes en los próximos minutos, varias reflexiones derivadas de estos incidentes.

Primero, se podría argumentar que la falta de resolución y el que hasta ahora haya prevalecido la impunidad abonaron el terreno para futuros ataques en nuestro hemisferio, empezando con el 11 de septiembre y en otros sitios. Al comienzo había realmente un sentido de conmoción y protesta generalizada contra los atentados, tanto en la escena regional como internacional. Se tomaron algunas medidas inmediatas importantes, como la creación del Comité Interamericano contra el Terrorismo de OEA. Se identificó la zona de la triple frontera entre Argentina, Paraguay y Brasil como un centro de ilegalidad y el lugar preciso del que emergían los terroristas. Se implementaron planes para vigilar las novedades producidas en la zona y coordinar el intercambio de información y experiencia, como la iniciativa tres más uno apoyada por el Departamento de Estado de EE.UU. Sin embargo, los terroristas de todas partes pueden interpretar que la falta de progreso serio en las investigaciones y del cierre del caso significa carta blanca para continuar sus actividades sin inmutarse.

Por lo tanto incumbe al gobierno argentino y a la comunidad interamericana tomar medidas más duras para evitar futuras recurrencias. Nos complace enormemente que todas las naciones de nuestro hemisferio sean signatarias de la Convención Interamericana contra el Terrosismo. Sin embargo lo que aun está sin duda ausente es la aprobación de una lista de organizaciones terroristas que refleje lo que han implementado la Unión Europea, Australia, Estados Unidos y Canadá para evitar actividades militares, políticas y financieras emprendidas por organizaciones bien identificadas o sus apoderados. Además, creemos que también es imperativo que estos ataques se identifiquen como crimen contra la humanidad para que no prescriban hasta que se resuelvan, tanto por razones pragmáticas como humanitarias.

Segundo, los atentados ocurrieron en un momento en que se disiparon las grandes esperanzas relacionadas con el fin de la guerra fría debido al resurgimiento del racismo, xenofobia, y antisemitismo en Europa, Medio Oriente y otras naciones. Se debería considerar a este atentado de 1994 a la AMIA como un antecedente de lo que se ha dado en llamar el nuevo antisemitismo, que combina los tradicionales infundios antisemitas de la derecha o de la izquierda con ataques virulentos contra Israel y anti-sionistas. Los judíos y los israelíes se convierten en una única entidad según este marco conceptual y comparten atributos maquiavélicos que son una amenaza para toda la humanidad. Para Hezbollah en Líbano y sus auspiciantes sirios e iraníes los judíos de Argentina o de cualquier otro sitio son blancos de su guerra destructiva contra Israel tanto como el mismo Estado judío. De esta manera las comunidades judías adquieren cabal conciencia de su condición vulnerable en el mundo y de cómo su bienestar está interconectado con los sucesos de Medio Oriente.

Afortunadamente muchos países sintieron el reto como propio, y brindaron apoyo y protección a sus ciudadanos judíos. En realidad, es en estos años que nuestra nación tuvo un rol decisivo en cuanto a garantizar internamente y en el exterior que se vigilaría y combatiría el antisemitismo adecuadamente. Además, varios países latinoamericanos, incluyendo Argentina, aprobaron legislación contra la discriminación que incluía denuncias contra la expresión de antisemitismo. De hecho en Argentina misma, y llegando hasta este aniversario, los medios han estado reproduciendo el tema, “Todos somos AMIA” en un intento por dar por tierra con cualquier división artificial entre judíos y otros grupos de la sociedad. Están tratando de transmitir que el terrorismo no establece distinciones por religión o grupo étnico y es un peligro claro y actual para quienes valoran la diversidad y coexistencia democrática. Por lo tanto todos debemos pararnos juntos para enfrentar a este flagelo.

Doce largos años han generado escepticismo y desesperanza en el mundo judío y en la comunidad internacional respecto de las posibilidades de aclarar y hacer justicia en esta prolongada causa. Varios intentos prometedores de resolverlo han fracasado, con acusaciones de corrupción o con dilaciones.

Nosotros, en el American Jewish Committee seguimos siendo cautelosamente optimistas. Creemos que el Presidente Kirchner ha invertido una porción significativa de su capital político, tanto a nivel interno como internacional, para garantizar que a pesar de los muchos años que han pasado, se promueva la causa de la justicia en la mayor medida posible. Los próximos meses serán cruciales, con la publicación del informe del fiscal del caso AMIA Alberto Nissman. Todos estamos esperando importantes novedades.

Los familiares de las víctimas lo merecen. Los judíos argentinos y del resto del mundo lo merecen. La sociedad argentina lo merece. Argentina como nación de leyes y respetuosa de los derechos humanos cuenta con ello.

 

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